Negligencia gubernamental: El consumo de antibioticos en la salmonicultura intensiva en Chile

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En una carta fechada 14 de Julio de este año, el Ministerio de Economía respondió a consultas efectuadas por la Fundación OCEANA-Chile respecto al consumo de antibióticos en la salmonicultura intensiva transnacional que opera en Chile. Para la organización ambientalista, las cifras contenidas en la respuesta del Ministerio de Economía superaban las peores estimaciones de las organizaciones defensoras del medioambiente que se han preocupado del tema. Sin embargo, de la revisión de esas mismas cifras se desprenden más incertezas que respuestas claras a lo consultado por OCEANA-Chile.
 
En efecto, en dos cuadros entregados por el Ministerio de Economía en su carta,  aparecen cifras de consumo de antibióticos referidas a los años 2007 y 2008, pero las correspondientes al año 2007 son apenas “estimaciones.” La primera pregunta que surge es ¿cómo “estimaron” estos datos en el Ministerio de Economía? 
 
La carta no lo señala, pero más preocupante que eso es lo  que se desprende de esta primera aseveración del Ministerio del que dependen los organismos fiscalizadores de la gestión ambiental salmonera (Subsecretaría de Pesca y SERNAPESCA) : el Ministerio evidentemente DESCONOCE cuántas drogas se usaron para producir salmones en el año 2007 y posiblemente en los años anteriores al señalado y, además, la única certeza de la respuesta del Ministerio de Economía es una cifra -- 325 toneladas de antibióticos -- que fue reportada por las propias empresas.
 
Es decir, el Ministerio de Economía sigue dependiendo de la política de auto-regulación que posibilitó la crisis sanitaria que liquidó a la propia Industria Salmonera y que causó un desastre ambiental aún incalculable, especialmente en el Mar interior de Chiloé. 
 
Más todavía, las cifras informadas por el Ministerio de Economía en la carta-respuesta ya citada no guardan relación alguna con las expuestas en publicaciones mucho más serias que las propias de Salmon-Chile o SERNAPESCA, aparentemente las fuentes de información del Ministerio.
 
Si se consideran las 325 toneladas y fracción de antibióticos que la carta ministerial señala como el consumo total de drogas en la salmonicultura intensiva transnacional durante el año 2008, la tasa de consumo de drogas (estos es, la cantidad de medicamentos usados por cada tonelada producida de salmón) alcanza a alrededor de 500 gramos de drogas por tonelada de pez. Una tasa de consumo aproximadamente igual se habría registrado durante el año 2007 en Chile, de acuerdo a la información “estimada” que entrega el Ministerio.
 
Dos fuentes de información contradicen fuertemente estas cifras entregadas por el Ministerio de Economía: el Reporte de Sustentabilidad 2008 publicado por la empresa noruega MARINE HARVEST (Sustainability Report 2008) y las propias Declaraciones de Impacto Ambiental (DIA) que entregaron las empresas salmoneras en Chile a las Comisiones Regionales del Medioambiente (COREMAs).
 
En el año 2007, MARINE HARVEST informa que consumió 732 gramos de antibióticos por cada tonelada de salmón que produjo en Chile, mientras que en Noruega sólo ocupó 0,02 gramos de droga, esto es, unos 200 gramos más que lo informado por el Ministerio de Economía a OCEANA-Chile.
 
En el año 2008, mientras tanto, MARINE HARVEST ocupó en Chile 560 gramos de antibióticos por tonelada de salmón producida en Chile y sólo 0,07 gramos en Noruega, esto es, para Chile informa  un consumo cercano al entregado por el Ministerio de Economía a la ONG ambientalista.
 
Sin embargo, estas cifras oficialmente entregadas por MARINE HARVEST a través de su reporte dan cuenta de un hecho esencial: que en Chile, durante el año 2007, MARINE HARVEST ocupó 36.600 veces más antibióticos que en sus cultivos en Noruega y que en el año 2008 ocupó 8.000 veces más antibióticos en Chile que en Noruega.
 
En otras palabras, MARINE HARVEST da cuenta de cómo el territorio marítimo chileno ha sido bombardeado con drogas de manera ilimitada, des-regulada e irracional por la sola existencia de un Estado que sólo parece preocupado de la rentabilidad de las empresas salmoneras y totalmente indiferente a las graves consecuencias médicas y ambientales que tiene este uso descabellado de antibióticos en la salmonicultura transnacional que opera en Chile. 
 
La segunda fuente de información citada, las Declaraciones de Impacto Ambiental construidas y presentadas por las propias empresas salmoneras, están disponibles en la página web de la CONAMA. 
 
En base a estas “declaraciones”, el Programa Salmonicultura de la AGO-Pescadores Artesanales de Aysén y el Programa Fiordos de la Fundación Pumalín se encuentran calculando el monto de antibióticos (como “droga pura”) que las empresas salmoneras han consignado como dispuestas a usar en caso de eventos sanitarios negativos, por ejemplo, la epidemia viral del ISA o la bacteriana del Síndrome Rickettsial del Salmón (SRS). Ante una crisis sanitaria como la registrada por la Industria Salmonera con el SRS desde el año 2004 y la epidemia del ISA desde el año 2007, el Estado chileno, a través de su COREMA-Los Lagos, autorizó a estas empresas salmoneras para usar, en promedio, entre 3,5 y 2,2 KILOS de antibióticos en la producción de una tonelada de salmón.
 
Estas cifras son entre 4 y 6 veces superiores a las consignadas por el Ministerio de Economía en su carta-respuesta a OCEANA-Chile y la única posibilidad de que sea verdadero lo afirmado por este Ministerio reside en que las empresas sólo ocuparon, en medio de la crisis sanitaria que las liquidó, entre un 15 y un 25% de los montos de medicamentos que tenían autorizados por COREMA. Un escenario totalmente improbable.
 
La literatura científica señala que hasta un 70% de los antibióticos que se suministran por “vía oral” a los peces en cautiverio, se inyecta directamente en el medio acuático con consecuencias altamente degradantes tanto para el estado ambiental del sistema intervenido por la acuicultura intensiva como para el propio ser humano: académicos de la Universidad Austral de Chile han alertado de la presencia de genes de resistencia a los antibióticos (una suerte de inmunidad a los medicamentos) con una tasa elevada en los habitantes de la Región de Los Lagos, que atribuyen al consumo crónico de antibióticos que han contaminado a los productos del mar que forman parte de sus dietas.
 
La misma Fundación OCEANA-Chile, en el año 2006, publicó los resultados de un muestreo de peces silvestres del Estuario del Reloncaví donde el 40% de la fauna pelágica analizada estaba contaminada con antibióticos. La Pesca Artesanal NO USA antibióticos…
 
Resulta impresentable que el Ministerio encargado de fiscalizar esta producción química en que se llegó a convertir la producción salmonera en Chile desconozca las cantidades de medicamentos que se vierten en el Mar Territorial Austral. También es impresentable que el Ministerio de Salud no tenga una opinión respecto a este tema a pesar de las advertencias del Colegio Médico de Chile sobre este uso irracional de antibióticos en la salmonicultura transnacional en Chile.
 
Quizás menos grave que lo anterior, pero igualmente importante y serio, es el hecho de que en las reformas a la Ley General de Pesca y Acuicultura que impulsa precisamente este desinformado Ministerio de Economía, no existe una sola limitación al consumo de antibióticos en la “Salmonicultura 2.0” que pretenden instalar en Chile en reemplazo de la que ya desapareció. 
 
La Naturaleza ha dado grandes señales de no soportar más este tipo de agresiones; la Banca Privada proyecta reemplazar con el mar de todos los chilenos los recursos financieros que ingenuamente le entregó a una Industria que nunca demostró ser viable en Chile; miles de trabajadores salmoneros se capacitan hoy en albañilería, repostería y joyería mapuche al perder el empleo que subsidiaba el Estado ( es decir, también los propios trabajadores salmoneros) y que desapareció junto a una industria insustentable.
 
A pesar de todas esas tragedias, aún los Ministerios ignoran aspectos esenciales de este ejercicio de alquimia que es, en verdad, la producción de salmones en un país tercermundista, con gobernantes y parlamentarios tercermundistas, que siguen apostando por un Modelo Económico que arrasa con todo lo que encuentre a su paso y que ya no se aplica en los países de donde provienen las inversiones que, tarde o temprano, terminamos pagando todos, con nuestros recursos financieros o con nuestro Patrimonio Natural.
 
Ese es el caso del Mar Territorial Austral chileno, hoy en vías de privatización para resucitar al que fuera el Último Mito Chilote… pero el primero en desaparecer.
 
Foto por Francisco Negroni para Patagon Journal


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Hector Kol

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Biólogo, director del programa de cultivo de salmones para el Associacion Gremial de Organizaciones de Pescadores Artesenales de Aysén y ex director del programa de cultivo de salmones para CONAPACH, Confederación Nacional de Pescadores Artesenales de Chile. Asesor en asuntos costeros para la comunidad Mapuche Pepiukelen de Pargua y la Federación Indígena de Chiloé Lafkenche. Decidió orientar su vida profesional para exponer los problemas medio ambientales y sociales asociados a la industria chilena del salmón, después de haber trabajado en diversos proyectos técnicos para la empresa canadiense productora de salmón Hatfield, quienes le despidieron en 1990 debido a las quejas de Kol respecto a algunas de sus cuestionables prácticas.

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