Condores en la Patagonia: Parte 2, La cria en cautiverio

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Escalé por primera vez la Cordillera de los Andes en el año 1964, y las altísimas rocas de la Cordillera del Paine se convirtieron en el lugar ideal para empezar esta travesía. Mi “comité de bienvenida” resultó ser una espléndida compañía de ocho cóndores, una panorámica extraordinaria. No sería muy conveniente para mí decir que ellos se acercarían amablemente para saludarme con su particular estilo. Siendo aves rapaces, ellos volaban en busca de un cadáver, y vieron mi cuerpo inmóvil desde una alta vista. Para ellos era la señal de una carnicería: “¡HOY CARNE FRESCA!”. Dando círculos para inspeccionar lo bueno, se acercaron más de lo esperado; entonces volví a la vida, salté, gritando y aleteando para que huyeran y ellos gentilmente se alejaron. En los años siguientes, he tenido varios encuentros y vistas con los cóndores, pero nunca una tan íntima.
 
Parte 2 de una serie de tres partes, Cóndores en la Patagonia, por Jack Miller. Haga clic aquí para leer la parte 1.
 
En aquel entonces, los cóndores andinos (Vultur gryphus) en conjunto, eran numerosos, aunque también su cantidad decaía severamente en algunas áreas. Sin embargo, en el año 1960 el cóndor de Norte América (Gymnogyps californiaus) o el “cóndor californiano” se acercó a un momento crítico que lo llevó al borde de la extinción. Por un acuerdo humano se mudaron al oeste del continente, llegando al punto de erradicar su especie completamente.  Fueron asesinados por envenenamiento accidental, escopetazos por deporte – o simplemente lo hicieron porque sí – solamente se salvó un pequeño grupo que merodeaba individualmente en las aisladas montañas de Coastal Range, al lado de Ventura, California. En el año 1980, solamente quedaban 22 aves.
 
Los cóndores californianos y andinos son dos especies completamente diferentes que  llenan el mismo nicho biológico. Las nuevas e importantes lecciones aprendidas en estos últimos 30 años en los Estados Unidos se transformaron críticas para la supervivencia de los cóndores a través del Hemisferio Oeste – y para todos los aves que se encuentran en peligro de extinción en otras partes del mundo.
 
Los ornitólogos y naturistas norteamericanos estaban preocupados. Algunos de ellos esperaban que los aves se recuperaran por ellos mismos. Otros, entre ellos se encuentran  unos prominentes medioambientalistas, escribieron sus cartas de despedida, expresando cosas como, “dejen a los escasos cóndores sobrevivientes morir en lo salvaje, en paz y dignidad…” En la mitad de los 80, biólogos importantes se reunieron y decidieron realizar un plan de vida o muerte: reunir a todos los aves restantes, integrarlos a un zoológico y luego ayudarlos a procrearse en el cautiverio.
 
El plan era riesgoso, los cóndores son compañeros de por vida, y cuando procrean – lo hacen cada dos o tres años – liberan solamente un huevo. Los que crearon este plan descubrieron que si se sacaba el huevo del nido, la pareja engendraba un segundo e incluso un tercero. Estos huevos secuestrados eran incubados en una máquina, y posteriormente los pollos se criaban en los laboratorios. Al principio, el proceso fue cuestionable y casi llegando al punto del desastre porque los primeros pollos murieron. Eventualmente, el plan fue exitoso.
 
Toma aproximadamente dos meses para que el pollo salga del cascarón, luego deben ser alimentados con la mano. Para evitar algún tipo de “huella”, es decir, que no crezca creyendo que los seres humanos son sus verdaderos padres (como ocurrió con el clásico experimento de gansos de Konrad Lorenz), los pollos se encontraban aislados una caja para evitar cualquier tipo de contacto con el ser humano. Para que la crianza fuera lo más natural y efectiva posible, se crearon títeres de plásticos similares a la cabeza de los padres del cóndor, que fueron utilizadas por sus cuidadores quienes fueron los encargados de alimentar, cuidar y de arreglar las plumas a los críos. Los cóndores jóvenes se demoran en madurar – les toma seis meses para desarrollar completamente sus plumas. Por muchos meses son mantenidos en el cuidado humano hasta que sean completamente maduros para ser liberados a la vida salvaje.
 
En las primeras etapas, este sistema de procreación fue puesto en duda, pero eventualmente se creó una enorme cantidad de pollos y adultos jóvenes. Después de que estuvieran  sometidos a extremos cuidados por un año, el cóndor adulto joven es liberado a la vida salvaje, y luego ellos no procrean hasta que cumplan los 6 o 7 años. Cuando finalmente llega el momento de la procreación, los científicos no saben si un cóndor que crió en un laboratorio y posteriormente fue liberado a la vida salvaje tenga la capacidad de aparearse, encontrar lugares para anidar, empollar y luego criar a sus pollos solos. La gran pregunta es: ¿Pueden los nuevos padres enseñarles a sus pollos las lecciones esenciales de supervivencia, como por ejemplo buscar alimentos?
 
Mirando hacia atrás, es interesante notar la reciente actitud contradictoria de la humanidad respecto a los cóndores, y de otras criaturas en peligro de extinción en la naturaleza desde los años 60. Después de un par de siglos de hábitos destructivos hacia la vida salvaje, la opinión pública en Norte América se cambio repentinamente a una actitud protectora de cuidar, ser solidario y la intención de realizar un acto de re populación a la especies en peligro, y de la vida salvaje en general. ¿Por qué hemos sido tan imprudentes acerca de nuestro cóndor? Probablemente hemos sido ignorantes respecto a la necesidad de carroñeros para limpiar la tierra, o pensamos que tenemos a otras águilas similares para hacer el trabajo. Los antiguos colonos vieron por error los grandes pájaros como una amenaza para su ganado y quizás sus crías. Cualquier caso que este sea, estos pájaros eran vistos como “buenos para nada” y fáciles para disparar. La extinción no fue una preocupación porque creíamos que era un suministro sin fin.
 
¿Quién habría pensado que una paloma mensajera, que en su momento voló entre billones de su especie podrían ser exterminadas con tanta facilidad? No fue así hasta que recientemente el hombre aprendió que cada especie juega un rol importante en nuestra biodiversidad natural, lo que es esencial para el bien común del hombre. Hasta el último minuto, hemos decidido salvar el cóndor.
 
Ahora, después de 20 años, el programa de procreación de los Estados Unidos ha demostrado un gran éxito. En enero de 2010, 350 cóndores californianos están vivos, siendo acogidos en varios zoológicos de Estados Unidos. Sobre 180 de esos pájaros han sido liberados a la vida salvaje, y la mayoría de ellos han sobrevividos. Sitios de hábitat han sido situados en cinco condados de California, un sitio en Baja California y dos en Arizona (uno se puede ver fácilmente desde el punto de turismo popular en South Rim del Gran Cañón). 
 
EL PROGRAMA DE RECUPERACIÓN DEL CÓNDOR EN LOS ANDES
En Sudamérica, su cóndor se encuentra en menor peligro de extinción, y es más respetado generalmente que el cóndor californiano. El cóndor andino se convirtió en un símbolo de independencia desde la liberación del continente sudamericano del poder de España – es el ave nacional de todos los países andinos, donde se ve su imagen en los escudos y monedas nacionales. Incluso el héroe de las tiras cómicas más populares del continente se llama “Condorito”.
 
Con menos densidad en la populación, y un hábitat más accesible, el peligro de una posible extinción del cóndor Sudamericano no ha sido tan extremo como fue el de EE.UU, con un estimado de 2.000 a 4.000 pájaros en Chile y Argentina. Sin embargo, en los últimos años la cantidad de cóndores en el norte de la cadena de los Andes ha disminuido, y en varias regiones locales han desaparecido. En los años 80 en Colombia y Ecuador se encontraban 100 pájaros, en Perú y Bolivia el cóndor estaba en descenso, y en Venezuela el ave fue declarado completamente extinto.
 
En el final de los años 80, se crearon programas de procreación para el cóndor andino, similares a los que se realizaron en California. Al principio, los huevos eran sacados de los nidos en los Andes para posteriormente enviarlos a los zoológicos. Los pollos eran criados hasta que maduraban y luego se enviaban a sus hogares andinos. Buenos Aires creó su propio programa de reproducir, criar y liberar a los cóndores en el año 1991.
 
El biólogo argentino Dr. Norberto Jácome, director técnico del Zoológico de Buenos Aires encabezaba el Proyecto de Conservación del Cóndor Andino. El empezó “tomando por prestado” huevos de los nidos del cóndor para luego criar a los pollos aislándolos de un posible contacto humano. También, con la colaboración de las fundaciones Temaiken y Bioandina y el Centro de Rescate del Cóndor Andino, se encargaron de rehabilitar cóndores salvajes heridos. En el año 1997, Jácome comenzó a reintroducir los cóndores en peligro a los Andes. Su meta era liberarlos a áreas donde la especie era considerada extinta.
 
El laboratorio de Jácome, entre sus labores, se encargaba de incluir un banco genético para almacenar el material reproductivo de docena de otras especies en peligro de extinción, mamíferos, plantas y pájaros. El trabaja con organizaciones internacionales tales como Wildlife Conservation Society, ZCOG Foundation, el Zoológico de Viena, U.S National Aeronautics and Space Administrator, y varias corporaciones tecnológicas.
 
A finales del año 2009, Jácome liberó docenas de cóndores en los Andes, incluyendo algunos en Venezuela. Él le devolvió a la costa de Argentina los primeros cóndores que fueron vistos por última vez en varias décadas y que fueran admiradas por Charles Darwin en el año 1840. En estos días, más zoológicos se han involucrado en el proyecto para procrear y liberar las aves a los Andes: Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Estados Unidos y Europa.
 
El mensaje es ahora simple: Si a través de nuestras despreocupadas formas podemos destruir una especie de raptor hasta llegar al límite de la extinción,  después tomar consciencia y darnos cuenta de nuestro error, y posteriormente desarrollar estrategias para poder remediarlo a través de un extremo cuidado y la tecnología, entonces hay fe para revertir lo ocurrido con varias especies en peligro de extinción a través del mundo y moderar el daño que le hemos hecho a la naturaleza.
 
Un buen comienzo ha comenzado en ambos continentes, pero hay varios problemas que resolver. Es triste, pero es verdad que algunos pájaros que han sido liberados han muerto. Algunos han sido disparados. En todas partes hay escopetas, y hay estúpidos que las usan irresponsablemente. Esto puede ser regulado por varias maneras como multas y castigos de penas. En California, matar un cóndor es castigable con multas que pueden llegar hasta los US$100,000 y un año en prisión. La solución más útil y de largo plazo puede ser la educación. El Dr. Jácume dice: “La educación pública es la forma más efectiva para proteger a los cóndores. Pero toma años y millones de años de dólares para criar a un pájaro y solamente un segundo para asesinarla”
 
La educación del público, la educación avanzada y la experiencia de los equipos técnicos que están salvando a los cóndores, y la educación de los jóvenes cóndores recién liberados, se discutirá en profundidad en el próximo capítulo de nuestra sección de cóndores.  
 
Parte 2 de una serie de tres partes, Cóndores en la Patagonia, por Jack Miller. Haga clic aquí para leer la parte 1
 
Fotos gentileza Conservacion Patagonica, Fundacion Bioandina Argentina, y Fotolibre.net
 

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