La observación de las ballenas en Patagonia Argentina

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Cada año, entre septiembre y diciembre, las ballenas francas australes se juntan en los Golfos Nuevo y San José, los dos golfos internos de la Península Valdés; una porción de tierra recortada de la costa sur Atlántica de la Patagonia Argentina. Vienen para dos razones estrechamente vinculadas: aparearse y amamantar a sus ballenatos.

Es la más grande concentración para la reproducción en el mundo: en general, se pueden ver más de 2.000 ballenas en este sector.

Se encuentran ahí porque las aguas son relativamente calientes y calmas; es un buen lugar para juntarse antes de regresar al océano.

En el lado sur de la Peninsula, en el Golfo Nuevo, hay un flujo seguido de barcos que salen todo el día de Puerto Pirámides, permitiendo ir al encuentro de las ballenas en excursiónes de 90 minutos. Experimenté esas excursiones y todas son muy bonitas porque las ballenas son increíblemente sociables y se acercan realmente a los barcos. ¡Son altamente recomendadas!

Sin embargo, es una historia totalmente diferente en el Golfo San José. Ahí, sólo un grupo a la vez tiene la autorización de viajar por toda la zona. Quiere decir que uno tiene todo el golfo – y todas sus ballenas – para él solo.

He visto las ballenas de cerca y de lejos. Una vez que subía la cuesta, una mamá y su ballenato siguieron mi caminata justo por la orilla del mar. Otra vez, contemplé una ballena y su crío a cinco metros de la playa, justo al frente de mi campamento, nadando en la marea alta, arañando los callos de su piel, navegando a favor de su instinto.

Y por supuesto, les he visto mientras estaba remando. Una vez, una ballena saltó a menos de 50 metros de mi kayak.

El mejor momento de mi viaje en kayak fue al crepúsculo. Más de una media docena de ballenas, sobre todo parejas, se reunieron alrededor de nosotros, derivando, descansando, jugando y reproduciéndose. Flotábamos en silencio, remando un poco al revés para resistir a la brisa que nos empujaba hacia las ballenas.

Como ya le dije, también les escuchamos cada noche, sus gritos de baja frecuencia repercutiéndo hasta nuestro campamiento.

Hay otros buenos lugares para observar las ballenas pero en la Península Valdés, y especialmente en el Golfo San José, es posible disfrutar de un encuentro muy íntimo con ellas. Si la ballena franca austral quizás no es el más lindo de los cetáceos, es una ballena particularmente sociable. Está acostumbrada en salir a la superficie y quedarse ahí, mientras otras sólo se pueden distinguir por el rápido paso de la aleta dorsal.

Acá, las playas son cubiertas de huesos de cetáceos y de barbas – esas largas y cabelludas placas que las ballenas tienen en lugar de dientes y que les sirven para filtrar su comida.

Es realmente una suerte de vivir tan cerca de la mágica, mística y misteriosa ballena franca austral. Es una experiencia llena de familiaridad y de intimidad que nunca olvidaré.
 

 

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