La equidad y armonía son una necesidad en Aysén

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Andres Gillmore - "No quiero ser más chileno, quiero ser Patagón". Esta frase la leí hace unos días en una foto y de verdad me impresiono mucho, de como alguien en tan poco decía tanto y en ella esta el reflejo del sentimiento actual que ha nacido en Aysén.
 
La batalla por Aysén ya lleva varios años, porque desde hace unos años hacia acá, los ojos de las transnacionales se han posicionado en Aysén, para apoderarse de sus recursos naturales. Los peces del litoral, la energía de los ríos y los minerales de las montañas. Esa intención ha decantado en la realidad actual de la región.
 
Este es el verdadero trasfondo de la problemática social de Aysén. Los parámetros sociales han cambiado, el desarrollo exige mejores condiciones de vida para todos, que el modelo sea más equitativo, mucho más armónico y que respete al ser humano. Eso solo se puede conseguir para empezar, con mejores sueldos, que de verdad reflejen esta nueva realidad y la riqueza que tiene el país. Los países nórdicos entendieron ese punto fundamental en la forma de hacer, ya que al tener equidad, llega la armonía. Con equidad y armonía si se puede pensar en desarrollo sustentable. En el Chile del presente mirando el futuro, no podemos tener gente trabajando 8 horas diarias, de lunes a sábado, ganando 170 mil pesos mensuales. La equidad es el verdadero trasfondo y lo que esta en carpeta ante la problemática actual de Aysén.
 
Lo que se inició en Aysén hace casi un año, cuando se aprobó HidroAysén, levantó las conciencias y lo que puso en llamas la región y replanteo el modelo, fue el tema HidroAysén. Se entendió transversalmente, la tremenda injusticia cometida con la región, al aprobar un proyecto, que no tiene las condiciones mínimas. No solo afectando la credibilidad del HidroAysén como empresa, que eso poco le importa al país, pero transformó al gobierno en un árbitro saquero. Un interesado más en el negocio, que fue lo que finalmente encendió la mecha, que inició el cambio social en Chile. Se perdió la confianza y nos transportó en Aysén a una realidad a la cual no podemos hacer caso omiso y sin duda de una manera u otra, tendrá que ser resuelta, con una mirada equitativa y social si queremos avanzar.
 
Hoy está en germinación un nuevo fundamento político, muy propio de sociedades en vías de desarrollo como la nuestra, que sin duda estamos cambiando para mejor. De un proceso natural de evolución que a las actuales generaciones nos tocó vivir y hacer. El gobierno actual representa el último bastión de una forma de hacer desarrollo del pasado, que ya no concuerda con una sociedad moderna, ansiosa por el cambio, de pasar al otro nivel en busca del progreso sustentable.
 
Lo que está sucediendo en Aysén hoy, se estudiará en los libros de historia social chilena, como el inicio del gran cambio, al mismo nivel de los años de la independencia y de Don Bernardo O’Higgins, el que no entienda el momento histórico que estamos viviendo, tendrá que absorberlo de una u otra manera porque esta es la realidad. Se escribirán cientos de ensayos sobre el tema, tratando de explicar desde distintos puntos de vista, los hechos que estamos viviendo. Serán reconocidos como el principio del final de una etapa y el inicio de una nueva era, con modelos económicos y sociales, sustentados con más equidad y conciencia social-humana.
 
Lo que está sucediendo en Aysén es solo el comienzo, de algo más profundo, de un cambio fundamental, en la forma de hacer desarrollo a nivel mundial y que en Chile ha llegado para quedarse.
 
El modelo actual no sirve, porque no es equitativo. Las regiones necesitan ser escuchadas y que sean respetadas, están olvidadas y sin duda alguna, el estado tendrá que repartir de mejor forma, no hay otra vía. Para que eso ocurra, se necesita cambiar el modelo del hacer. Cambiarlo pasa necesariamente por olvidar las ideologías del pasado, iniciar el presente-futuro con un nuevo fundamento, más actual, descentralizado y regionalista. Sacar los actuales estigmas del pasado de los partidos políticos y las necedades ideológicas, desarrollando modelos más armónicos. Llevará un par de años, pero en este año se ha iniciado el proceso y Aysén y su gente les tocó la responsabilidad de iniciarlo.
 
Cambiar un modelo de desarrollo como el actual no es fácil, ningún cambio de esta magnitud lo es, sobre todo al estar sustentado en el neo liberalismo más puro, basados en un modelo que se sustenta en el consumo. Con un estado-gobierno transformado en un estado mórbido, que no se mueve y solo recauda. Dejando que las transnacionales extranjeras le hagan su propio trabajo y en el intertanto destruyendo el país.
 
Lo que se pide hoy a un estado moderno con visión y proyeccion de presente-futuro según la realidad actual del planeta y de la economía mundial, es todo lo contrario, esa es la gran paradoja de Chile, que vamos totalmente en la contra mano de lo que se debe hacer. Necesitamos un estado más preocupado, controlador de sus bienes. En ningún caso estatista para aquellos que responden de esa manera y nos llenan de retorica. Pero sin duda necesitamos un estado que sepa mantener los bienes estatales, hacerlos rendir de buena manera por sobre todo. En las empresas estatales esta el bien nacional, el futuro, lo que garantiza estándares mínimos de recaudación, de bienes que son intransable, que permiten sustentar al mismo estado y la necesidad de una buena fiscalización. Hoy el estado no tiene sentido de propiedad, menos de pertenencia en temas que no son transables, que hay cosas que no se venden y que no tienen precio, que además son de todos.
 
Lo que se tiene que entender profundamente en el resto del país, es que en Aysén existen sentimientos y gran esperanza de mejorar las cosas de verdad. Se tiene plena conciencia del momento histórico que se está viviendo. La gran mayoría no se sienten representados con los desmanes y la violencia de ambos lados. Todos los ayseninos si tuvieran que elegir, sin duda querrían volver a la normalidad lo antes posible.
 
Pero lamentablemente el gobierno no ha entendido su rol, que precisamente por ser autoridad, tiene la obligación de adaptarse a esa realidad y dar el ejemplo con su saber y su sabiduría, para eso está. El gobierno ante cualquier circunstancia es la autoridad, el ejemplo, no puede decir que la única solución para negociar actualmente, es hacer comisiones de trabajo y dividir el trabajo. Eso es una clara manipulación, una estrategia pequeña para confundir y dilatar. Ha sido una falta de respeto de un detalle importante, que en las actuales condiciones de la negociación ha significado un retroceso importante y nos tiene en Aysén en el más absoluto ostracismo, sin una salida real, que por obligación el gobierno tendría que consolidar y adaptarse a las circunstancias actuales, sin exigencias pequeñas.
 
El autor Andres Gillmore es un sociólogo y Director de Corporación Costa Carrera (asociación de empresarios turísticos y dueños de tierras, de la cuenca del Baker)
 
FOTO: http://aquiaysen.cl/ 
 

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