Nota del Editor: El siguiente es de Edición 5.
Por Rodrigo Sandoval
Ríos como el Futaleufú, Baker, Petrohué, Serrano, Limay, Grande, y otros tantos más suenan en la memoria de todos los pescadores con mosca que han disfrutado, o sueñan, con visitar la Patagonia. Muchos de ellos se han ganado el prestigio de estar dentro de los ríos más llamativos para la pesca con mosca de todo el mundo. Y es justamente, muy cerca de varios de estos imponentes ríos, que otros tributarios medianos y pequeños esconden los mejores secretos de pesca de la Patagonia.
El primer instinto indica que mientras más grande el río, más grandes los peces. Pero la práctica y la ciencia demuestran que no siempre es así. El tamaño al que puede llegar una trucha depende más de la abundancia de comida en relación a la cantidad de bocas que hay por alimentar, y también el esfuerzo involucrado en subsistir en el entorno del río.
Pero no se trata sólo de tamaño. Muchos de los visitantes extranjeros buscan vivir una experiencia de pesca inolvidable. En mi época de guía de pesca me tocó el privilegio de acompañar a clientes, quienes valoraban la experiencia completa: disfrutar vadeando un río, observando la flora y la fauna, el paisaje, lanzar moscas pequeñas a rincones precisos, mientras una o dos truchas se observan como sombras que se adueñaron de un recodo. Incluso, contar con la oportunidad de tomarse una siesta, esperando que pase el calor de la tarde.
Recuerdo haber visitado el Parque Nacional Los Alerces, en Argentina, con dos fantásticos jóvenes guías, quienes me sugirieron probar suerte en el Río Rivadavia. Apenas me acerqué a la orilla, pude reconocer las reiteradas tomadas de superficie de una trucha. Un pronto lance de una imitación de saltamontes gatilló un ataque desproporcionadamente agresivo para el tamaño de la trucha, acompañado de una pelea equivalente. Inolvidable.
En otra ocasión, una jornada de pesca en el reconocido Río La Paloma, cerca de Coyhaique, nos acercó a un canal lateral, de muy poca corriente, que casi no se ve desde el curso principal. El guía del día conoce de su existencia y de las truchas residentes que habitan los profundos y calmos pozones que lo marcan. Un cuidadoso lanzamiento a 5 metros de la orilla produjo un único y voraz pique, que no se condecía con los dos metros de ancho del canal.
Los ríos que desembocan en el mar en la zona de los fiordos de Aysén son de los ejemplos más expresivos. Enormes truchas, varias de ellas con una vida que alterna la caza de comida en el estuario, con estadías en agua fresca río arriba, proponen oportunidades de pesca realmente sorprendentes.
Pero quizás el ejemplo más interesante es el que se da en la remota Tierra del Fuego, particularmente en las cercanías del mundialmente famoso Río Grande. Este curso, reconocido por sus enormes marrones migratorias (Sea Run Browns) parece quitarle todo prestigio a pequeños arroyos, algunos de ellos de tipo Spring Creek, que serpentean lentamente por la pampa. Es en estos ríos, unos pocos de ellos ensanchados por las castoreras, que se dan algunas de las experiencias de pesca más intensas de toda la isla. Aquí, donde un pescador logra presentar una pequeña ninfa de tamaño #14, apenas milímetros bajo la superficie, y una agresiva trucha la ataca sin dudar.
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