Crisis en Chiloé: El fenómeno del Nuño

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Foto: Miles de almejas en las playas de la isla de Chiloé. Foto: Miles de almejas en las playas de la isla de Chiloé.
 
 
Por Hector Kol
 
El 2 de abril de 2011, Televisión Nacional de Chile, el canal de todos los chilenos (pero al servicio de sólo algunos), exhibió un documental del piloto de helicópteros y documentalista Sergio Ñuño. En él, abordó la destrucción del río Cruces por las emisiones tóxicas de Residuos Industriales Líquidos (Riles) de la planta celulosa Valdivia, de la empresa Celco, propiedad del Grupo Angelini.
 
Como consecuencia de estas descargas, los cisnes de cuello negro –especie protegida por el Estado chileno-, perdieron su fuente de alimentación, el luchecillo, y murieron por decenas. Otras especies fueron intoxicadas por las descargas y provocó la reacción ciudadana local, nacional e internacional, obligando a la empresa y al Gobierno a generar acciones publicitarias, comandadas por Eugenio Tironi, para rescatar al Grupo Angelini del escándalo causado por la tragedia del río Cruces. En ese marco de encubrimiento, se exhibió el documental de Nuño dentro del programa “La Tierra en que vivimos”.
 
Según el piloto de helicópteros, los cisnes no murieron por la extinción del luchecillo, sino que migraron a otras zonas del país en busca de una mejor alimentación. Para Nuño, la evidencia científica mostraba claramente que el luchecillo había comenzado a desaparecer antes que las sobreproducciones de la celulosa Celco-Valdivia y las consecuentes descargas de Riles a través de tuberías clandestinas en varios cursos de agua, contradiciendo las investigaciones descubiertas en el caso que, por supuesto, no dejó a nadie en la cárcel.
 
Se creó, entonces, el “Fenómeno del Nuño”, una teoría respaldada científicamente solamente por el fenomenal Nuño, porque de los siete estudios científicos que se implementaron para determinar las causas de la muerte de los cisnes y demás efectos degradantes registrados en el río Cruces, seis responsabilizaron a la empresa en el desastre. Pero Nuño siguió defendiendo su “fenómeno”: disminuyó el luchecillo, aumentó la población de cisnes y las aves migraron en busca de mejores alimentos, quedándose sólo aquellas aves más débiles que, finalmente, murieron. Ni una sola responsabilidad de la empresa.
 
El Consejo Nacional de Televisión, ante reclamos de las organizaciones sociales valdivianas, sancionó al escandaloso programa y Nuño tuvo que irse con su “fenómeno” a otra estación televisiva. Celco-Valdivia era más tóxica de lo que pensaba el propio Nuño.
 
Sin embargo, el “Fenómeno del Nuño” encontró otras locaciones para manifestarse: en las oficinas de SalmonChile, en la Subsecretaría de Pesca, en el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) y en la CUT Llanquihue.
 
Así, mediante el reemplazo de una sola vocal, la nueva tragedia ambiental causada por la industria salmonera en las regiones de Los Lagos y de Aysén fue explicada como producto del “Fenómeno del Niño”. Este evento climático global habría causado que millones de micro-algas se hicieran cargo de otros millones de salmones hacinados en balsas-jaulas, instaladas al margen de la Ley de Pesca en los canales y fiordos de la Patagonia chilena.
 
Todo el aparato estatal, como lo hiciera TVN para emitir el programa de Nuño al rescate de Celco-Valdivia, se puso a disposición de la Industria tóxica para instalar un discurso oficial: un evento focalizado en el Seno del Reloncaví, causado única y exclusivamente por el “Fenómeno del Niño”.
 
 
La Figura 1 muestra los 23 centros de engorda de salmónidos que reportaron mortalidades por efectos del Bloom de algas de Chatonella sp en las regiones de Los Lagos y de Aysén entre enero y febrero de 2016. Es decir, el “Fenómeno del Nuño” no se trataba de un evento “focalizado” en el Seno del Reloncaví (Puerto Montt-Calbuco) sino que abordaba uno 420 kilóemtros lineales, entre el centro de engorda RNA 103536 de Tornagaleones, en la bahía de Puerto Montt, y el centro RNA 110906 de Salmones Antártica, en la región de Aysén.
 
De los 23 centros afectados, 12 correspondían a centros salmoneros de la región de Los Lagos, cuatro de ellos en pleno Seno del Reloncaví, registrando mortalidades al mismo tiempo en que en un seminario de la CUT Llanquihue se concluía que no había crisis de la Industria Salmonera. Ni SalmonChile ni Sernapesca lo informaron en el seminario y, al parecer, tampoco le habían pasado el guión a la CUT Llanquihue.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Las Figuras 2 y 3 muestran los centros salmoneros que reportaron mortalidades por Bloom de algas entre febrero y marzo de 2016. Como se aprecia, en Aysén no se registraron mortalidades por el “Fenómenos del Ñuño” en el período. El evento climático global simplemente hizo una excepción con la región de las jineteadas y los corderos al palo, con el crisol de donde salieron los filósofos Iván Fuentes y Antonio Horvath, y sus efectos se limitaron a la región de Los Lagos. Nunca más se supo de “fenómeno” alguno en Aysén, ni del Nuño ni del Niño. Una inspiración para la ciencia mundial, un nuevo Big-Bang oceanográfico y climatológico.
 
Pero el “Fenómeno del Nuño” necesita declaraciones turbias. Tal fue el rol de Sernapesca, que jamás mencionó en alguna de ellas que el evento algal se extendía hasta la región de Aysén. Así, ninguna cifra cuadra, ni de centros afectados, ni de mortalidades producidas. Mucho menos aquellas que se refieren a qué se hizo con los cadáveres de millones de salmónidos. Sernapesca, otra vez, se convirtió en un laberinto donde la verdad no encuentra la salida.
 
De acuerdo a las declaraciones del director nacional de Sernapesca, José Miguel Burgos, en el balance final de este evento climático, unas 40 mil toneladas de salmones fueron liquidadas en los 45 centros afectados por el Bloom de algas entre febrero y marzo de 2016. Pero ¿qué pasó con los salmones que murieron entre enero y febrero de 2016 en las regiones de Los Lagos y de Aysén, correspondientes a 23 centros de cultivo? ¿Cuántos salmones murieron, cuál fue su tonelaje? Y especialmente es importante saber ¿qué hicieron con sus cadáveres? ¿Dónde los dispusieron, dónde los descargaron?
 
El “Fenómeno del Nuño” sólo había cambiado de especie. Y se mantiene hasta hoy, amenazando la vida de los chilenos de comunidades costeras desde Quellón hasta el límite norte de la región de Los Ríos.
 
El estado de eutrofización del mar interior de Chiloé causado por las salmoneras es total. Pero tal como en el “Fenómeno del Nuño”, nadie es responsable de nada. Los servicios públicos reguladores y fiscalizadores de la actividad acuícola se transformaron en “promotores” de SalmonChile. Incluso, Sernapesca levantó una plataforma de negocios (Siscomex) para facilitar las exportaciones de salmón producido en Chile a Estados Unidos. Es decir, el ente fiscalizador ahora es parte de la cadena de comercialización del salmón que infesta nuestros canales y fiordos.
 
Para este Gobierno, como para los anteriores, un salmón sigue valiendo más que una vida humana; una balsa-jaula más que un fiordo, y un financiamiento para una campaña parlamentaria más que un archipiélago. Están dispuestos a destruir lo que sea, eliminar los peces del mar y las comunidades costeras si es necesario, con tal de mantener el último mito chilote a flote.
 
Los servicios públicos, cooptados por corruptos que reciben y entregan información falsa, preparada para no afectar los intereses de las empresas, información que tiene ahora por voceros a los papanatas de la CUT Llanquihue y sus buzos inmortales, son el peligro mayor. De ellos dependemos para estar informados y tomar las precauciones del caso, y del grado de destrucción que puede alcanzarse en el mar de la Patagonia y sus posibilidades de recuperación. Son el principal problema a solucionar, la mayor amenaza a detener.
 
Abandonados por el Estado y a merced de los salmoneros, los habitantes de las costas del mar de la Patagonia deben hacerse cargo no sólo del problema, sino también de las soluciones. Pero para eso, las formas de organización deben ser eficientes, incorruptibles y con objetivos precisos, fundamentados en hechos y no basados en tradiciones pesqueras y cosmovisiones ancestrales que también se han vendido al mejor postor. Todo debe ser distinto a lo que hemos hecho hasta ahora, porque lo que hicimos no sirvió.
 
Y de esas organizaciones dependerá si alguna vez volverá a ser seguro consumir un producto del mar de la Patagonia, un mar en peligro, tal como nuestras vidas, mientras siga existiendo en los mares australes una industria tóxica que se prepara a iniciar su tercera agonía, a menos que reclamemos y consigamos su definitiva erradicación.

Hector Kol es un biólogo marino que ha estado trabajando en temas de la salmonicultura en Chile por más de dos décadas. 
 
 
 

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