Conociendo bellezas ocultas en el Parque Pumalín

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Texto y fotos por Ignacio Palma 

Casi desgastado por el viento patagónico y el polvo que llega de la ripiosa Carretera Austral, en la entrada de Pichicolo (15 kilómetros al norte de Hornopirén) hay un letrero que reza: “Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta”. Esta emblemática frase fue escrita por el poeta chileno Pablo Neruda en su libro de memorias “Confieso que he vivido”, y da la bienvenida a esta caleta ubicada en la poco conocida costa de Hualaihué.
 
Como si fuera un símbolo de resistencia que promueven los proyectos conservacionistas en esta región del planeta, esta infraestructura se mantiene en pie a pesar de su notorio deterioro. Algunas letras ya ni se ven, pero quien observe con detención, comprenderá el mensaje que esto conlleva.
 
Es lo que ha hecho, por ejemplo, el fallecido conservacionista Douglas Tompkins. Su pasión por la protección de la naturaleza salvaje en la Patagonia, le valió más de un conflicto contra diversas amenazas a los ecosistemas de esta región. Entre ellas, destacan proyectos hidroeléctricos, centros de cultivo de salmón y construcción de carreteras. Tompkins es responsable de grandes victorias para las futuras generaciones, cuyos resultados actuales pueden verse en los numerosos parques que creó en Chile y Argentina. Gracias a su esfuerzo, varios parques nacionales ya han sido instituidos. Además, su fundación, Tompkins Conservation, está trabajando para donar las áreas de conservación privadas restantes a sus respectivos países, con el fin de conformar futuros parques nacionales.
 
El Parque Pumalín es uno de éstos. Ubicado en la provincia de Palena, región de Los Lagos, Chile, concentra 300 mil hectáreas protegidas. La Carretera Austral atraviesa parte de esta zona.
 
Dentro de los diversos senderos del parque que comienzan desde dicha ruta, está el denominado Volcán Michinmahuida, a 28,5 kilómetros al sur de Caleta Gonzalo. Caminar por la senda, de dificultad media-alta, tarda entre 8 y 10 horas. Totaliza 24 kilómetros ida y vuelta. Tras un ascenso de unos 700 metros de desnivel desde el comienzo del sendero, es posible llegar hasta la base de los hielos occidentales del macizo.
 
Sin embargo, uno de los rincones más impresionantes está en su inicio. Si el sol matinal acompaña, y el rocío madrugador continúa su labor, el bosque esconde hermosos detalles que es imposible no detenerse. Nalcas de cuatro metros con sus espinosos tallos; coloridos frutos de quilineja o michay, y flores como colcopihues y botellitas, son sólo algunas de las especies que despiertan para un nuevo día entre la luminosidad de los rayos solares, las sombras de alerces y la humedad del alba.
 
Aquí es donde los dichos del Premio Nobel de Literatura cobran sentido. A pesar de que a menudo la ambición del ser humano por alcanzar el desarrollo conlleva la destrucción de bellas áreas silvestres, aún quedan rincones para conocer nuestro planeta en su forma más pura. A continuación, una galería de imágenes con algunos tesoros escondidos de este sendero.
 
Agradecimiento especial a José Suárez, ingeniero forestal del Parque Pumalín, quien describió cada especie.
 
 

 

 

 

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