Hoteles dentro de Torres del Paine, ¿un riesgo necesario?

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Foto: Javiera IdeFoto: Javiera Ide

 
Por Tomás Moggia

Desde mucho antes de su creación como parque nacional, Torres del Paine ha atraído a visitantes de diversas partes del mundo, deseosos de admirar su particular geografía y belleza natural ubicada en los confines de la Tierra. Gigantes de granito y hielo, lagos de un azul eléctrico o un verde destellante, rugosos glaciares milenarios y bosques a ratos impenetrables son parte de los elementos que conforman un mosaico único que ha catapultado a esta zona a ser uno de los grandes íconos de la Patagonia.

Tuvieron que pasar muchos años para que el estado de Chile tomara la decisión de conservar y proteger la zona mediante la figura de un área protegida, fundando el parque nacional un 13 de mayo de 1959. Hoy, a sus 58 años de vida, Torres del Paine sigue acogiendo visitantes y exploradores de diferentes rincones del planeta, llegando en 2016 a recibir una cifra récord de 252 mil turistas.
 
Como respuesta a esta demanda es que actualmente es posible encontrar una amplia oferta hotelera al interior del parque nacional, cuyo gran volumen de hoteles no tiene parangón en la región de Magallanes, en Chile, y tal vez incluso en el mundo entero. 
 
Pero lo cierto es que también se trata de una situación con la que Torres del Paine ha debido lidiar desde sus primeros días. Y es que al momento de la creación del parque, la Hostería Pehoé ya estaba instalada dentro de sus límites, luego de haber sido beneficiada con una concesión en un terreno fiscal para dedicarse al turismo. Esto obligó a que el establecimiento suscribiera un contrato con Conaf, entidad estatal administradora del área protegida, para cumplir con determinados estándares. 
 
 
 Foto: Chezmarisse/FlickrFoto: Chezmarisse/Flickr
 
 
Tiempo después, otros hoteles lograron instalarse dentro de la superficie del parque, como el caso del hotel Explora en 1993, además del hotel Lago Grey y el lodge de montaña Paine Grande. También existe una red privada de “refugios” bien elaborados y equipados, que cuentan con restaurantes, bares y campamentos, cinco de los cuales son gestionados por Fantástico Sur y cuatro por Vértice Patagonia.
 
Sin embargo, en Conaf advierten que en realidad nunca han sido proclives a intervenciones de gran escala, en particular de los hoteles. “En un país centralista como el nuestro, en algún momento se tomaron decisiones más bien a nivel central, y esas quedaron estampadas en que se desarrollaran algunos hoteles en la década de los 90 principalmente”, cuenta María Elisabeth Muñoz, director regional de Conaf en Magallanes.
 
Rodeado desde sus orígenes por estancias dedicadas a la ganadería, por largo tiempo el Parque Nacional Torres del Paine fue mirado con recelo y desconfianza por sus vecinos. Venía a instalar un paradigma distinto, muy enfocado en la conservación, y los estancieros y peones chocaban con esos ideales que, entre otras cosas, prohibían la caza de la fauna local e impedían el ingreso de ganado al interior del área protegida, algo que venían realizando tranquilamente y sin oposición durante décadas, con evidentes impactos ambientales. Es por eso que se percibía a Conaf más como un problema y una amenaza que como un beneficio.
 
Pero de la mano del turismo, y pese a la reticencia inicial, lentamente las estancias vecinas comenzaron a entender que la vocación de la zona iba girando en una dirección distinta. Fue así como el único terreno privado que actualmente está al interior del parque –sí, dentro del mismo-, y que cuenta con una superficie de 4.400 hectáreas, llegó a cambiar de rubro para hoy en día cobijar el hotel Las Torres y EcoCamp Patagonia.
 
 
Wolftone/FlickrWolftone/Flickr
 
 
Resguardando las Torres
La presión del turismo también ha permitido el surgimiento de hoteles fuera de los límites del parque, lo que ha representado una especie de alivio para Conaf, ya que de esta forma se les hace menos dificultoso cumplir con la misión de preservar el área protegida. Y es que en términos de conservación, un hotel dentro de Torres del Paine implica más peligros que beneficios, independiente de los resguardos que se puedan adoptar en materia de contratos y fiscalizaciones.
 
“De alguna forma, donde hay personas, estamos más proclives a los errores, por mucho que tengamos normas y leyes. Los accidentes ocurren y finalmente la que sufre es la madre naturaleza”, explica Muñoz. “Los hoteles llevan a que la gente quiera tener mayor confort y eso significa mayor gasto de energía, y así nos pisamos los talones con respecto a la sustentabilidad”, agrega.
 
Y como ejemplo reciente está el derrame de petróleo que a fines del año pasado contaminó 318 metros del río Paine, una situación que llevó a que ejecutivos del hotel Explora fueran formalizados por contaminación ambiental. Es por ello que que también se está poniendo cada vez más énfasis en la implementación de sistemas que utilicen energías renovables, aunque claramente eso no siempre es factible. Pero esa no es la única preocupación que surge mediante el establecimiento de hoteles, ya que también se advierten impactos negativos en el paisaje y en la fauna local.
 
Como una manera de fiscalizar este tipo de infraestructura, en Conaf establecieron un cronograma de visitas inesperadas, las cuales suelen efectuarse antes y después de cada temporada, y especialmente durante la temporada alta. Pero más allá de los esfuerzos, a veces sencillamente no es suficiente, independiente de los lazos efectivos y la estrecha colaboración que intentan sostener con las iniciativas privadas.
 
 
Foto: Refugo Paine Grande (Vertice Patagonia)Foto: Refugo Paine Grande (Vertice Patagonia)
 
 
Bajo este panorama, al interior de Conaf la postura es que Torres del Paine ya se encuentra en su máxima capacidad, por lo que se espera que no se construyan más hoteles. “No somos proclives a más infraestructura de este tipo dentro de unidades del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado”, afirma Muñoz.
 
Y esa no es una apreciación exclusiva de Conaf. De acuerdo a lo señalado por la directora regional de Conaf en Magallanes, es un consenso que como organismo han podido visualizar especialmente en las comunidades locales. Así ha pasado, por ejemplo, con el Parque Nacional Yendegaia, que recientemente acaba de cumplir con su tramitación legal, donde la ciudadanía ha sido muy clara al oponerse a que el parque cuente con infraestructura hotelera en su interior. Una muestra más de que las personas son cada vez más conscientes de la importancia de velar por la naturaleza en su estado más salvaje y con el menor impacto posible.

  

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