La minería y el parque nacional

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Un huemul salvaje fotografiado cerca de Chile Chico. Foto: Charles BrooksUn huemul salvaje fotografiado cerca de Chile Chico. Foto: Charles Brooks
 
 
Por Peter Hartmann, coordinador de Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida
 
El debate en torno a la minería y la conservación en la región de Aysén, en la Patagonia chilena, sigue escalando conforme transcurren las semanas. A estas alturas, el alcalde de Chile Chico, Ricardo Ibarra, ha aunado fuerzas con el senador David Sandoval (UDI) con el afán de apuntalar el lobby pro minera Southern Gold.
 
Tanto la minera como también el alcalde sabían desde hace mucho tiempo de la concreción del Parque Nacional Patagonia, e hicieron lobby ante el subsecretario de minería y la gobernadora provincial para evitar que éste afecte sus intereses. Ahora, la actual ofensiva utiliza a los campesinos del sector con el mismo objetivo.
 
Se rumorea que Mandalay Resources no quiere continuar trabajando con su minera Cerro Bayo, ubicada junto a la costa del lago General Carrera, por lo que buscarían venderla a los dueños de Southern Gold (las transnacionales Equus y Terrane Minerals). Y también leemos que “se constituye mesa público-privada para enfrentar la cesantía en Chile Chico”. ¿Cesantía? ¿Y no son tan buenas y tanto aporte al desarrollo generan las mineras? ¿No es tan linda la tradición minera?
 
Qué duda cabe que el alcalde Ibarra, entre otros fines, debe pretender solucionar esa cesantía con más minería, para que en algún tiempo más vuelva a repetirse la misma historia. “Pan para hoy, hambre para mañana”. ¿No será hora de buscar una solución más sustentable? Por cierto que el parque nacional puede contribuir a ello y diversificar la economía en esa zona. Si bien el turismo aún está en pañales, ha demostrado que puede ser una alternativa. De hecho, en las Capillas de Mármol del lago General Carrera, la Armada registró 150 mil zarpes el verano pasado, lo que implica una tremenda actividad y potencial en ese sector.
 
Tanto en el Parque Nacional Torres del Paine como luego en Pumalín, al principio las personas también miraban su protección con recelo, y también existían intereses hegemónicos creados de otros sectores de la economía. ¿Recuerdan la enorme polémica que suscitó Pumalín?¿Y por qué creen que últimamente nadie reclama? Pues tanto Torres del Paine como Pumalín se convirtieron en importantes centros turísticos que mueven la economía en sus respectivas zonas. Y el turismo no es la única alternativa en una comuna con microclima y suelo agrícola como la de Chile Chico, pero evidentemente la actividad agropecuaria y forestal, el turismo y el parque nacional pueden convivir tranquilamente. No así con la minería. Por algo ésta busca ser hegemónica en el territorio, y en vez de aportar al desarrollo y pagar impuestos gasta sus billetes en hacer lobby bajo la mesa con las autoridades.
 
Lo otro que llama la atención es que repentinamente algunos se acordaron que es necesario involucrar a la comunidad y los municipios en las decisiones territoriales (en lo que estamos de acuerdo). ¿Acaso, por ejemplo, cuando se instalan las mineras o las concesiones de mar nacional para salmoneras (esas que son hipotecadas), algún alcalde o parlamentario ha reclamado? Menos aún los hemos visto haciendo algo para que estas actividades respeten las áreas protegidas, bien público nacional. ¿Es que sólo están para intereses privados?
 
Ahora, en cuanto a traiciones ambientales, recordamos bien ese Estudio de Impacto Ambiental de Fachinal, donde aseguraban que la laguna Verde es endorreica y no tendría vida, por lo cual no importaba que se filtrase relave hacia ella. Con el tiempo aprendimos que la Laguna Verde sí tenía vida y que no existe estudio para verificar si su agua, ahora contaminada y sin vida, se filtra hacia el lago General Carrera. Esa misma “agua” que se “filtró” a la mina Delia 2, con consecuencias fatales.
 
También aprendimos que la minera hace y deshace sin que exista el menor control ambiental. De hecho, ante denuncias públicas nuestras de años atrás, fuimos invitados por la minera al lugar mientras la autoridad brillaba por su ausencia. Eran los tiempos en que el senador Zaldívar se ufanaba de las invitaciones a Estados Unidos por parte de Coeur D’Alene. Unos años después, pudimos observar camiones que pasaban cargados de mineral desde Argentina, sin ningún control (mientras a los ciudadanos comunes nos revisan enteros), a concentrar en la planta de Fachinal. ¿Cuántas toneladas de desechos extra hay con eso, si se considera que ese mineral tiene solo 1 a 5% de metal? ¿Y qué se sabe de la salud y accidentes de los trabajadores de esa minera? Basta ver como se silenció a los trabajadores sepultados en el lodo. No hace mucho tiempo un vecino nuestro en Coyhaique, que trabajaba en la mina El Toqui, se tuvo que retirar con silicosis. ¡Y eso a fines del siglo XX, con todos los adelantos que existen en la minería, pero que acá parecen no haber llegado!
 
Por cierto antes era peor. Está el récord nacional de plomo en la sangre medido por el Instituto de Salud Pública en Puerto Cristal debido a las operaciones de la Minera Aysén, el que suponemos nunca trascendió a la opinión pública, al igual que el rebalse del relave con plomo abandonado en ese mismo lugar, que escurría al lago General Carrera cada vez que llovía, y que denunciamos años atrás sin mayor resultado. Habría que ver además cómo quedaron las veranadas tras la mina de El Furioso. ¿Cuántos “casos” desconocidos más habrá de éstos de la “tradición minera”?
 

 

 

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