La masiva fuga de salmones en Chile suscita preocupación e incertidumbre

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 Salmoneras en Chile. Foto: OCEANA/ Lucas ZanartuSalmoneras en Chile. Foto: OCEANA/ Lucas Zanartu
 
 
Por Tomás Moggia
 
Como una fuga de proporciones inéditas ha sido catalogado el escape de unos 690 mil salmones del Atlántico (Salmo salar) que a principios de julio afectó a la empresa Marine Harvest Chile, de capitales noruegos. Desde Greenpeace no han dudado a la hora de calificar a esta masiva fuga de salmones como “un desastre medioambiental de graves e insospechadas consecuencias”. Según se reportó, un temporal de fuertes lluvias y vientos, nada fuera de lo común en la zona, generó serios daños estructurales en el centro de cultivo Punta Redonda, ubicado en la isla Huar, al sur de Puerto Montt, en pleno seno de Reloncaví en la región de Los Lagos.
 
Frente a la magnitud de la situación, la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) solicitó al Tercer Tribunal Ambiental, con sede en Valdivia, la autorización para dictar una Medida Urgente y Transitoria (MUT) consistente en la detención total del funcionamiento del centro de cultivo de salmónidos por un plazo de 30 días corridos debido al daño inminente y grave al medioambiente y la salud de la población. La propia empresa comunicó que la medida de paralización temporal ya había sido adoptada voluntariamente, mientras que desde el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) aseguraron que Marine Harvest Chile arriesga una multa de hasta 143 millones de pesos e incluso perder su concesión.
 
De acuerdo a la SMA, la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) con que cuenta la empresa no contempla medidas de reparación, compensación o mitigación de los impactos que puedan generarse tras la masiva fuga, y se estableció que en dos de las jaulas dañadas los salmones -cerca de 463 mil ejemplares- estaban siendo tratados con un antibiótico llamado Florfenicol, por lo que no son aptos para el consumo humano. Pese a ello y a las reiteradas advertencias de las autoridades, se han realizado diversas denuncias de salmones que están siendo vendidos por terceros en forma ilegal e intensiva en las comunas de Calbuco y Puerto Montt, situación que también fue ratificada por Marine Harvest Chile.
 
El Comité de Defensa del Borde Costero “Calbuco Emergente” denunció que la empresa, en vez de utilizar las 20 balsas jaula circulares establecidas en la RCA, empleó balsas jaula cuadradas durante al menos cuatro años. Además, se ha denunciado que Punta Redonda estuvo por años con sus peces infestados por Caligus (piojo de mar) y afectados por las enfermedades bacterianas SRS y BKD.
 
 
Foto: OCEANA/Lucas ZanartuFoto: OCEANA/Lucas Zanartu
 
 
Sea como fuere, lo concreto es que se trata de salmones adultos, de un promedio de 3,4 kilogramos de peso, que se encontraban en la última etapa de producción, ya que su cosecha se proyectaba para dos meses más. Transcurridas algunas semanas desde que se produjo el escape, sólo una pequeña parte de los salmones habían sido recapturados: se estima que alrededor de 40.000, es decir, poco más del 5% del total.
 
La ley establece un plazo de 30 días para que la empresa recupere al menos el 10% del total de los ejemplares escapados. En caso que eso no ocurra, se presume la existencia de daño ambiental. Por lo mismo, la empresa ha dispuesto un presupuesto especial destinado a las labores de recaptura, y que contempla, entre otros elementos, pagar $7.000 pesos a los pescadores artesanales por pez atrapado.
 
Frente a los pocos estudios existentes en torno a los impactos que genera la salmonicultura en Chile en tales casos, sobre todo cómo era el ecosistema antes de su presencia, es realmente incierto lo que ocurrirá a nivel ambiental producto de este hecho, aunque el panorama no parece ser muy alentador.
 
“Le dicen a la gente que como estos peces se alimentaban con pellets, estaban acostumbrados a ser alimentados y no se van a alimentar solos. Eso es mentira, estos peces son carnívoros invasores. Cuando tengan hambre van a comer absolutamente cualquier cosa que encuentren. Son depredadores tope”, explica Liesbeth van der Meer, directora ejecutiva de Oceana.
 
De hecho, un estudio elaborado entre 1995 y 1996 encontró que un 20% de 271 salmones escapados contenían peces nativos en sus estómagos, con un promedio de 25 pejerreyes y 40 motes por estómago de salmón, por lo que se espera que los ejemplares que se fugaron del centro de cultivo Punta Redonda se desplacen en búsqueda de alimento.
 
 
Foto: GreenpeaceFoto: Greenpeace
 
 
El salmón del Atlántico no es nativo de Chile, la especie ha sido reconocida como invasora en la costa oeste de Estados Unidos y Canadá, y desde el Núcleo Milenio de Salmónidos Invasores (INVASAL) temen que debido a la magnitud de este evento aumente la probabilidad de que un grupo de individuos encuentre zonas apropiadas para establecerse y reproducirse. Un fenómeno que ya ocurrió en nuestro país con especies como el salmón Chinook, la trucha arcoíris y la trucha café.
 
“Claramente el ecosistemas es muy frágil y un escape así va a causar un daño irreparable. Dudo que se vayan a reproducir, pero sí pueden vivir en los fiordos unos tres o cuatro años, entonces el daño ecológico que pueden hacer alimentándose es súper preocupante”, añade van der Meer.
 
En los últimos días, la SMA ordenó la implementación de siete medidas provisionales al centro de cultivo Punta Redonda. Entre ellas exigió el retiro total de las estructuras y la limpieza del fondo marino, establecer un programa periódico de sobrevuelos de reconocimiento que permitan descartar mortalidades en el seno de Reloncaví, efectuar un plan de disposición final de las mortalidades encontradas, e implementar un plan de vigilancia ambiental en las desembocaduras de los ríos y cursos de agua dulce más relevantes de la zona.
 
Un monitoreo estricto en el área podría resultar clave para evitar la naturalización de la especie, ya que frente a escapes masivos de salmones del Atlántico en Estados Unidos hay registros de ejemplares que fueron recapturados en ríos a más de 100 kilómetros de distancia.
 
“Un evento de este tipo aumenta dramáticamente nuestra incertidumbre en la preservación de la integridad funcional del ecosistema marino que hoy conocemos, y por ello la prevención debe ser la prioridad en nuestros esfuerzos”, esgrime Rodrigo Torres, biólogo marino y magíster en oceanografía del Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP). 
 
 
Foto: InvasalFoto: Invasal
 
 
Ausencia de planes de contingencia
Uno de los aspectos que suscita mayor polémica es que, por la magnitud del evento, parece no haber mucha preparación ni capacidad al interior de la empresa -y de la industria salmonera- para enfrentar este tipo de hechos. ¿Qué ocurrió con las medidas de prevención, mitigación y emergencia? ¿Existen ese tipo de medidas realmente? Son parte de las preguntas que surgen en este caso. Y es más, porque frente a un incidente de estas características da la impresión que existe un alto grado de permisividad de parte del Ministerio del Medio Ambiente y Sernapesca hacia la salmonicultura. ¿Falta fiscalización, hay que elevar los estándares de evaluación de los estudios de impacto ambiental, o derechamente esta clase de acuicultura es impracticable en los fiordos patagónicos?
 
“En reiteradas ocasiones se ve que no hay ningún protocolo de emergencia, la industria no está preparada, pero también es porque ellos no pierden: las salmoneras tienen seguros asociados. Las empresas que están asegurando a la salmonicultura tendrían que tener exigencias un poco más altas. En el fondo, los que más pierden con estos escapes somos todos los chilenos, y eso es lo preocupante”, sostiene van der Meer.
 
Fernando Villarroel, gerente general de Marine Harvest Chile, señaló a El Mercurio que “iniciaremos una investigación científica, con investigadores independientes, que permita precisar el probable impacto ambiental de este escape”. Una vez que eso ocurra, habrá que determinar si la empresa se hará cargo de financiar dicha reparación al ecosistema, una tarea de por sí compleja.
 
“La legislación debe evolucionar para asegurar una industria de prácticas seguras, que evite estos accidentes”, afirma Torres, añadiendo que “nuestra legislación ambiental favorece a las actividades humanas cuyas externalidades ambientales son mucho mayores a las multas que deben pagar por el incumplimiento de alguna norma, y ciertamente este es un punto que se puede debatir”.
 
Van der Meer va más allá y en voz alta se pregunta si efectivamente esta es la vocación que tienen las aguas del sur de Chile. “La industria -dice la directora ejecutiva de Oceana- se tiene que comprometer con minimizar el riesgo que tiene la salmonicultura y eso no lo hemos visto desde sus inicios. La cantidad de antibióticos y antiparasitarios que se usan no representa seriedad para abordar estos temas. Eso es lo más preocupante, no vemos ganas de la industria para cambiar sus prácticas”.
 
Sin ir más lejos, una fuga de menos de 200 mil salmones desde un centro de cultivo de Cooke Aquaculture en Estados Unidos, decantó en la reciente decisión del estado de Washington de poner fin a la industria salmonera a partir del año 2025 producto de las graves consecuencias medioambientales que la actividad provocó en la zona. ¿Será un ejemplo que las autoridades chilenas tomarán en cuenta para evaluar el futuro de la salmonicultura en el país? El tiempo dará cuenta de los alcances que tendrá esta masiva fuga de salmones en la industria y en el seno de Reloncaví.
 
 
 

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