Cetáceos, varamientos y chamanes

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Existía una relación estrecha entre los Selk’nam y las ballenas. ¿Podían los chamanes hacer varar a estos enormes animales?
 
La historia de los pueblos fueguinos debe ser una de las más trágicas del extremo austral. A mitad del siglo XIX aún no se conocía el interior de Tierra del Fuego, pero los indígenas eran muy temidos y contaban con muy mala fama. La visita de Charles Darwin tampoco les ayudó, pues dijo que eran lo más parecido a los animales, seres abyectos, miserables y caníbales.
 
La historia de los fueguinos continúa con un trágico genocidio que incluyó cacerías, deportaciones y muertes por enfermedades, que llevaron a la extinción de estos pueblos en pocos años.
 
Con los años comenzó una especie reivindicación de estas culturas gracias a estudios y publicaciones, especialmente de los Selk’nam, descubriendo pueblos mucho más complejos de lo que cualquiera haya podido imaginar.
 
Aún hay muchas teorías en discusión que tratan de desenmarañar el sistema ideológico y cultural de los Selk’nam. Pero quizás uno de los elementos culturales más desconocidos y poco estudiados es su importante relación con los cetáceos.
 
Adiós a las rivalidades
Si bien los Selk’nam eran un pueblo cazador-recolector donde la principal presa era el guanaco, también se acercaban al litoral.
 
La evidencia arqueológica demuestra que los selk’nam -o sus antepasados- conocían y usaban los cetáceos en Tierra del Fuego desde hace miles de años. No los cazaban ni hostigaban en el mar, como sus vecinos canoeros, ya que no practicaban la navegación, pero sí aprovechaban los cetáceos que varaban en las costas.
 
Los varamientos eran tan importantes que modificaba completamente la territorialidad de los grupos locales. Cada grupo ocupaba un distrito territorial con límites geográficos preestablecidos y que debían ser respetados por los vecinos para mantener la convivencia pacífica. En cada territorio, sus habitantes tenían derecho a cazar, recolectar y establecer lugares de campamento. Pero cuando una ballena era arrojada a la playa, los primeros indígenas en llegar encendían una gran fogata como señal para que las demás personas participasen. Por tradición todos tenían derecho a comer de una ballena e incluso los enemigos se abstenían de luchar en estas circunstancias.
 
Cachalotes, pseudo orcas y ballenas piloto eran verdaderos regalos del mar para los Selk’nam, que consideraban a estos animales un manjar muy apetecido que les entregaba un abundante consumo de grasa y carne.
 
Y aunque no almacenaban alimentos en forma habitual, en el caso de las ballenas se producía una excepción, ya que almacenaban grandes trozos de grasa y carne de ballena en un pantano, en pozas de agua salada, o en los manantiales, para asegurar la supervivencia en un invierno duro.
 
Además de la carne y grasa, los restos óseos de cetáceo eran útiles para la elaboración de variados artefactos de su vida diaria, como herramientas, peines, elementos de caza e incluso como elementos arquitectónicos de vivienda.
 
Llamando a las ballenas
Los cetáceos eran tan importantes en sus vidas, que no es de extrañar que delfines y ballenas formaran también parte de su cosmovisión, estando presente en mitos, ceremonias de iniciación de jóvenes y en el mundo chamánico.
 
Así, por ejemplo, se cree que Xalpen, uno de los espíritus más importantes del Hain (su ceremonia principal) era un gran bulto de 6 metros de largo que posiblemente trataba de asemejar el aspecto de una ballena. También existen relatos en que el chamán usaba su poder manifestado como una ballena para tomar venganza de alguien o que un hombre fue transformado en orca para que condujera a las ballenas a la costa y vararan.
 
Se dice que un chamán para atraer una ballena a la costa con sus poderes cantaba entre 3 y 4 días. Se dice también que en períodos de hambruna la gente instaba al chamán para que trajese una ballena a la playa.
 
Cierto o no, es importante destacar que existen dos lugares en la isla donde se han registrado numerosos varamientos y restos óseos de varias especies de cetáceos: Bahía Lomas (Chile) y Bahía San Sebastián (Argentina). Por sus características son verdaderas trampas naturales para los cetáceos, ya que la pendiente del fondo es imperceptible y en instantes el mar puede retirarse y dejarlos depositados indefensos sobre la playa.
 
Hoy en día no es posible predecir cuando sucederán, pero esta incapacidad no implica que los Selk’nam sí hayan podido lograrlo.
 
Por Evelyn Pfeiffer
 
Foto gentileza Nuestro.cl

  

 

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