¿Por qué quieren matar seis mil guanacos en el Sur?

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Clarin - Leo Saracho sirve en su restaurante de El Calafate, La Zaina, empanadas de guanaco. Como se trata de una carne magra, más apta para carpaccio (que también está en su menú, como el bife de chorizo de guanaco), le agrega el jugo de un fondo de cocción que se elabora durante días a partir de huesos. “Quedan como las tucumanas”, asegura. Pero saben a coirón, el pasto típico de la estepa. Hierba animal.
 
Que se coma guanaco no es historia nueva. De hecho, las comunidades tehuelches, y sus antecesoras también, lo han hecho por milenios, como lo demuestran las bellas pinturas rupestres que se encuentran esparcidas en los aleros de las montañas de la Patagonia. Hoy, cuando vamos por el Sur, nos maravillamos con los guanacos corriendo a toda velocidad contra el viento implacable que sopla desde el Oeste. Y hasta nos parecen muchos.Sin embargo, esta población es apenas un resabio de lo que hubo hasta hace cien años. Existían entre 30 y 50 millones de ejemplares, según los datos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN). O sea: queda entre “el 3 y el 7 por ciento de la población original”.
 
En el ambiente pasa lo mismo que en la física: una masa desplaza a la otra. ¿No lo había dicho Arquímedes? Y bueno, esto es lo que pasó con el guanaco. Cuando se inició la colonización de la Patagonia, llegaron también las ovejas. El territorio se subdividió en estancias. Debe de haber sido una gesta heroica instalarse en la estepa con un clima sólo para valientes. O para las especies que estaban adaptadas a vivir en él. Pero el guanaco fue visto como un competidor de los nuevos habitantes. Y quedó condenado. Hasta hoy.
 
Bife de chorizo de guanaco. Así lo sirven en La Zaina, un restaurante de Calafate, que también usa esta carne para empanadas y carpaccio. /Rubén Digilio
 
El guanaco nos encanta a nosotros, los visitantes. Pero los productores lo ven como una plaga. Pero, ¿cómo podría ser plaga lo nativo? ¿No sería al revés? Es con esa particular cosmovisión del mundo que ahora el Ministerio de Ambiente autorizó la caza de seis mil animales para aprovechamiento de su carne y de su fibra. Y el asunto de la carne de guanaco se convirtió en algo más grande que el carpaccio o la empanada. No sólo es un revuelo. Es una lucha entre visiones enfrentadas del mundo.
 
Alternativa. En su despacho del Ministerio de Ambiente, Diego Moreno toma mate amargo. Ahora es secretario de Política Ambiental, pero antes fue director de la Fundación Vida Silvestre. Sin embargo, las ONG’s y los científicos hoy no están en la misma vereda que él. Sobre todo, en el tema del guanaco.
 
Moreno dice que la carne de guanaco “nos parece una alternativa interesante. Es un recurso nativo. En los ganaderos patagónicos hay una percepción de que el guanaco es un problema. Si empezamos a generar una actividad económica que sea sustentable, puede ayudar a cambiar la percepción y servir para diversificar un poco el sistema productivo. Y generar una actividad complementaria de la ovina. Son mejores posibilidades para el desarrollo”.
 
El funcionario cuenta también que el número de guanacos se ha recuperado en los últimos años por varios factores, entre ellos, por el abandono de los campos. Otra razón que no menciona es que la sobrecarga de ovejas en el suelo estepario ha producido una erosión sin precedentes, lo que en un territorio tan ventoso, como el patagónico, es una desgracia. Se suelen ver remolinos de tierra seca en el aire. Esto es porque las ovejas comen y comen hasta que no dejan nada. Y luego, en donde poco llueve, poco crece. Leer mas..
 
 
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