Primavera en Tantauco

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Esta primavera fue una de las más lluviosas en Chile. La tierra estaba muy mojada y saturada de agua. El sol, cuando aparecía, se presentaba como un delicado rayo perdido en el horizonte gris.

Me encontré sola mochileando junto a una amiga rumbo al Parque Tautauco. De nuestro grupo original, cuatro ya habían desistido y nosotros, a pesar de nuestro sentido común, persistimos y continuamos.

Era simple: el invierno sureño es largo. Queríamos desplazarnos y estar al aire libre.

Con 118.000 hectáreas, el Parque Tantauco (fundado por el Presidente electo Sebastián Piñera) es más que un pequeño entorno natural, es casi un tercio de la Isla de Chiloé. La totalidad del territorio –cerros, lagos interiores y el rocoso borde costero- componen los órganos vitales del paisaje de esta isla. Aunque para la mayoría, incluyéndome a mí, este es un área inexplorada y podría considerarse como una pizarra en blanco. A pesar que este está todavía en construcción, el parque instalará siete cabañas, más de las que tiene las Torre del Paine, creando una infraestructura envidiable, que atraerá eventualmente un gran cantidad de trekkers. Pero hoy el escenario es completamente distinto.

Su carretera sin pavimentar es terrible, nos enteramos que esta condición se mantiene (o no) para desalentar la tala ilegal de arboles. Mientras tanto, el parque estaba desolado y el estacionamiento vacío. El gerente del parque nos advirtió, “Van a estar completamente solos y espero que esto no les perturbe.”

En ese momento lo aceptamos sin reparos. Nadie nos vería exudando nuestro primer sudor de la temporada.

El trayecto dio lugar a subidas y bajadas enlodadas, enfrentándonos a raíces resbalosas y ciénagas. Con la última luz del día llegamos al Lago Chaiguaco –nuestra base de los próximos días. La cabaña, compuesta por una robusta y solida estructura de madera, ofrecía alojamiento para ocho personas, una cocina de leña, y con instalaciones exteriores con vistas a los lagos. ¿Se requiere algo mejor?

Thoreau (Escritor Norteamericano) lo aprobaría.

La verdad es que la naturaleza del Parque Tantauco no es ni desfachatada ni espectacular. No serán las esculpidas Torres del Paine o el mar verde del Rio de la Patagonia, pero su atractivo aflora lentamente, con innumerables sombras verdes y abundantes helechos, algas, y aguas claras. Se está inmerso en la tranquilidad de un entorno salvaje.

En nuestro segundo día, continuamos nuestro camino entre el barro y las gotas de lluvia, sin hablar, apenas recordando nuestra agenda que alguna vez tuvimos. A la mitad de nuestro recorrido, percatamos a un hombre sin polera acercándose a nosotros atravesando una pradera mojada. Nos ve y se queda paralizado. Nosotros lo observamos.

No sé lo que esperaba. En la mitad de la nada, después de horas de nada, incluso pensábamos que era el Trauco- el mitológico astuto diablillo de Chiloé que acosa a las mujeres en el despoblado.

El se dirigía a nuestra cabina –“como si a nosotros no nos afectara”

En la cabaña él era muy amable. Su nombre era Carlos. El cortó la madera, nos lavó los platos y colgó nuestras botas para que se secaran.

Hago recuerdo del significado de una cabaña, esta implica hospitalidad y el gran valor del cobijo y del refugio en lo salvaje. En otros lugares –El Bolsón, Colorado y las Montañas Blancas de New Hampshire, estas están consolidadas casi en su totalidad para entregar servicios al aire libre, solo entregando lo básico para asegurar el cobijo de las inclemencias del tiempo, justamente lo que nosotros evitamos. No es lo mismo que compartir un hotel. Estas cabañas generan comunidades conformadas por extraños que generalmente en otras situaciones no estarían unidos.

El día siguiente nos embarcamos a nuestro regreso. Carlos, quien resultó ser un experto en dejar rastros, se fue antes que nosotros. Seguimos sus huellas, encontrando muchas otras en el barro: las de un zorro, de un gato salvaje.

El aire se siente fresco.

La primavera en el sur y el gris del cielo no nos han abandonado todavía, quien sabe cuando lo hará. Pero se siente mucho mejor estar afuera en vez de estar mirándolo y esperar a que desaparezca.

 

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