Industria salmonera chilena mira la Patagonia

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La industria salmonera chilena, otrora lucrativa, que trata de recuperarse del daño generalizado causado por el virus anemia infecciosa del salmón (ISA) en los últimos dos años, ha puesto los ojos en nuevas aguas, todavía prístinas en su mayor parte y libres de virus, más al sur, en la costa patagónica.
 
Ya hay aproximadamente 1,600 solicitudes de nuevas concesiones salmoneras frente a la costa de Magallanes, la región más meridional de Chile. En la región Aysén, situada justo al norte de Magallanes, otras 1,500 peticiones de concesiones están bajo examen. Mapas generados por la Fundación Pumalín, con sede en Puerto Varas, muestran que en tres lugares de Aysén el número de centros salmoneras está en aumento.
 
Los ambientalistas advierten que abrir las aguas costeras del sur a los centros salmoneras simplemente extenderá los problemas derivados de la industria consistentes en contaminación del agua, escapes de salmón y enfermedades. “Estamos muy preocupados por la expansión de esta industria en la Patagonia”, dice Álex Muñoz, vicepresidente de la oficina de América del Sur de Oceana, destacada organización de conservación marina. “Esta área tiene otros usos económicos potenciales que pueden ser sostenibles en vez de la acuicultura, que es insostenible tanto en términos ambientales como económicos”.
 
Se forma oposición local
 
Gran parte del debate se centra en Puerto Natales, localidad turística de 20,000 habitantes en la región Magallanes cerca del más popular parque nacional de Chile, Torres del Paine. Empresas turísticas, estudiantes y grupos ciudadanos locales formaron el grupo Coordinadora Social Patagonia Sin Salmoneras, que ha llamado a imponer una moratoria sobre la expansión de la industria en Magallanes.
 
En los últimos meses, funcionarios de la región Magallanes han estado recibiendo aportes de las partes interesadas locales sobre un plan de zonificación que están desarrollando para el litoral que delineará exactamente dónde pueden tener lugar actividades económicas tales como pesca, turismo y crianza de salmón. 
 
Las autoridades nacionales y ejecutivos de la industria salmonera insisten en que las reformas de la ley sobre acuicultura fortalecieron la normativa del sector, por ejemplo, elevando las multas por escapes de salmón y endureciendo los controles sobre el uso de antibióticos. César Barros, presidente de SalmonChile, el gremio industrial salmonero de la nación, dice que se están realizando cambios luego que las empresas cobrasen conciencia de las preocupaciones ambientales tras la crisis del ISA. “Como industria”, dice Barros, “hemos adoptado voluntariamente muchas prácticas usadas en Canadá y Noruega, tales como barrios salmoneros, en que tenemos periodos de pausa en la producción de salmón”.
 
Los grupos ambientalistas, como Oceana, presentan un cuadro muy diferente. Matthias Gorny, director de ciencias de Oceana en Chile, dice que la contaminación proveniente únicamente de las siete concesiones salmoneras propuestas para el área de Seno Skyring, situada justo a las afueras de la ciudad de Punta Arenas, generaría desechos equivalentes a las de una ciudad de 600,000 personas. “Dadas las condiciones ecológicas locales”, dice Gorny, “no es cierto que los desechos se dispersarán por el mar con las corrientes; al contrario. Esta es un área altamente rica en biodiversidad, que es vulnerable”.
 
Los grupos ecologistas dicen que las especies amenazadas por la expansión de la crianza de salmón en Magallanes incluyen los corales de agua fría, microalgas, numerosas especies de ballenas y delfines, lobos marinos y la más grande y diversa de las colonias de pingüinos que se encuentran en Chile. Las fuentes de alimentos de varias especies declinarían grandemente si las aguas se contaminasen por los centros salmoneras, señalan.
 
Nuevas solicitudes de concesiones
 
Héctor Kol, biólogo y miembro de la Asociación Gremial de Organizaciones de Pescadores Artesanales de Aysén, trabaja con Oceana para evaluar el impacto potencial sobre el turismo y vida marina local. En un estudio que concluyó recientemente sobre nuevas solicitudes de concesiones salmoneras en la provincia de Última Esperanza, Kol encontró que dos empresas salmoneras de propiedad regional, Friosur y Caleta Bay, habían pedido 28 concesiones en el Canal de las Montañas, quizás el más valioso curso de agua de la región desde el punto de vista del turismo.
 
De las 28 concesiones solicitadas, Kol dice que 24 violarían estándares ambientales existentes sobre la distancia aceptable entre sitios de crianza de salmón. Señala que el Canal de las Montañas fue parte de un acuerdo firmado en diciembre de 2008 entre SalmonChile y la Cámara de Turismo de Puerto Natales, en que la industria salmonera aceptó no buscar establecer centros de salmón en este curso de agua.
 
“Una gran parte del daño causado por la industria salmonera en la Región de los Lagos de Chile fue consecuencia de la falta de voluntad política de las autoridades en el manejo ambiental de esta actividad”, dice Kol. “No es probable que eso cambie en Magallanes”. 
 
Juan José Garrido, quien ofrece excursiones a pie y a vela por el Canal de las Montañas, coincide con esta opinión, citando los centros salmoneras en la bahía de Última Esperanza cerca de Puerto Natales. “Nuestras excursiones pasan por allí”, dice. “No sólo han contaminado el agua, sino que el daño al paisaje también es grande. Con todos los químicos que usan, los residuos de la comida y las feces… esto arruinará una de las mejores áreas turísticas de Chile”. 
 
 
En las proximas semanas que viene, Patagon Journal presentara "Magallanes bajo amenaza: industria salmonera en Magallanes," una serie de artículos que den cuenta de la magnitud que puede alcanzar la expansión salmonera en la Región y de los posibles efectos que esta actividad puede tener sobre la actividad turística local y el medioambiente. 
 
Foto por Jimmy Langman
 

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