Represas, la Patagonia, y el futuro energético de Chile

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El debate nacional que se ha generado en Chile respecto a su futuro energético y al futuro de la Patagonia augura optimismo. Como comentara el economista chileno Manfred Max-Neef recientemente en una entrevista: “La aprobación de HidroAysén podría ser algo bueno, porque está uniendo al país en contra de este proyecto”. 

Las encuestas recientes entregan fuerte evidencia que apoya los dichos de Max-Neef: antes de la aprobación el 9 de mayo de las cinco represas a gran escala en la región de Aysén, una encuesta de IPSOS mostraba que un 61% de los chilenos rechazaban el proyecto mientras que el domingo pasado, el diario La Tercera reveló el resultado de su propia encuesta donde el 74% de los chilenos no querían que se construyeran dichas represas.

Se están realizando protestas históricas en todo Chile. Más de 30.000 protestantes se reunieron en el centro de Santiago el viernes 13 de mayo por la noche, cifra sin precedentes en Chile. Es posible que este sábado 21 de mayo veamos una de las mayores protestas anti-represas en la historia. Y como dan testimonio estas encuestas antes mencionadas, estas protestan incluyen a personas de la izquierda política, del centro y de la derecha. Los chilenos de todos los colores políticos se están uniendo en contra del proyecto HidroAysén en parte porque fue aprobado bajo circunstancias cuestionables – un proyecto de evaluación gubernamental que expuso un proceso de toma de decisiones medioambientales corrupto e injusto y un gobierno que al parecer favorece a las poderosas corporaciones sobre los deseos de la ciudadanía. En parte también, debido a la inmensa pérdida para el futuro de Chile, al destruir irreversiblemente dos ríos prístinos en el corazón de la Patagonia y abrirse camino por la absurda distancia de 2300 kms de tendido eléctrico que cruzarán numerosos parques y áreas protegidas, una “Gran Muralla de Deforestación” como lo denominara un escritor español, a través de siete regiones en el sur de Chile para llevar y conectar la energía con Santiago.

Muchas personas quedaron incrédulas luego de escuchar al presidente Presidente Sebastián Piñera, a los ministros del gobierno y a lobistas bien pagados exponer sus argumentos abogando por el proyecto HidroAysén.

Primero, el presidente de Chile y su ministro de energía han sugerido que Chile debe duplicar con urgencia su suministro energético para fines de esta década para dar abasto con el aumento de la demanda.

De acuerdo con el experto en energía de la Universidad de Chile, Roberto Román, el presidente está basando su argumento sobre el crecimiento de la demanda energética de 7%. Román expone: “El uso energético de Chile ha crecido a una tasa anual de tan sólo 3.8% en los últimos 11 años y cualquier análisis razonable muestra una tasa de crecimiento no superior al 4.5% anual para el resto de esta década”. Además, de acuerdo con un estudio de 2009 realizado por Román y otros expertos en energía de la Universidad de Chile, el país ya tiene suficiente energía con los proyectos aprobados y bajo construcción para suplir las necesidades del país hasta el año 2025.

Segundo, varios defensores de HidroAysén en el gobierno han señalado increíblemente que no es posible suplir las necesidades futuras de energía de Chile sin HidroAysén y que las energías renovables no convencionales sean más caras o no sean suficientes.

Un estudio realizado este año por la empresa privada chilena Valgesta Energía, a solicitud de la Asociación Chilena de Energías Renovables (ACERA), descubrió que el año pasado, con sólo aumentar en un 3.3% la matriz energética de Chile con el uso de fuentes de energía renovable no convencionales tales como la solar o eólica, se reducía el costo operacional anual de la matriz de Chile en US$129 millones y se reducían los costos marginales en un 3.3%. Dicho de otra forma, el agregar energía renovable no convencional a la matriz de Chile estabiliza el sistema eléctrico del país y reduce costos.

Los expertos concuerdan que es eminentemente posible lograr la meta “aspiracional” del Presidente Piñera de tener un 20% de la energía de Chile a partir de energías renovables no convencionales en 2020 (lo que haría que HidroAysén fuese todavía menos necesaria). ¿Qué falta? Chile necesita derribar las barreras regulatorias de su mercado energético, permitiendo que entren distintas empresas lo cual a su vez gatilla la competencia y conduce a menores precios de la energía con el transcurso del tiempo. Actualmente, la energía de Chile está dominada por dos empresas grandes, Endesa, de capitales italianos y Colbún de chilenos, copartícipes en HidroAysén, quienes --al entrar en operaciones HidroAysén-- podrían controlar aproximadamente el 80% de la energía de Chile. A largo plazo, el Panel de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático proyecta que Chile – y el mundo – podrían suplir el 80% de sus necesidades de energía con recursos renovables al 2050.

Tercero, el Vicepresidente de HidroAysén, Daniel Fernández sugirió en diversos medios la semana pasada que la tendencia en otros países es construir represas más grandes. De hecho, es totalmente lo opuesto en los países desarrollados. Como escribí en septiembre de 2008 para un artículo de la revista Newsweek, en Estados Unidos y en Europa las grandes represas son vistas como inseguras, demasiado caras y desastrosas para el medio ambiente.

De las más de 45.000 grandes represas en el mundo en la actualidad, el 90% se construyó en los últimos 50 años. Pero desde mediados de la década del 70, la tasa de construcción de las grandes represas ha declinado en todo el mundo en tres cuartos y la mayoría de las represas que se construyen hoy en día son en los países en vías de desarrollo. En Estados Unidos, en la actualidad menos del 10% de la electricidad proviene de represas y más norteamericanos están pidiendo derribar las represas que construirlas. “El cumplimiento de la legislación medioambiental en los países desarrollados es estricto. Mientras que en lugares como Brasil es más fácil para el gobierno usar las maniobras políticas para obtener las licencia para las represas”, señala Patrick McCully, experto en represas hidroeléctricas y ex director de International Rivers Network.

Las grandes represas han caído en desgracia en los países desarrollados en parte debido a temas de costo y desempeño. De acuerdo con el informe del año 2000 de la Comisión Mundial de Represas, la construcción de grandes represas en promedio cuesta un 56% más de lo planificado originalmente y 30% a 50% de las grandes represas han quedado cortas en sus metas originales de energía. Además, las represas de 25 a 50 años requieren, por lo general, de reparaciones importantes y miles de represas más antiguas actualmente son consideradas inseguras. Sanjeev Khagram, un ex asesor de políticas de la Comisión Mundial de Represas, me dijo en una entrevista: “La Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles ha realizado muchos estudios que demuestran que el costo de manejar algunas de estas represas más antiguas en mal estado es astronómico. Algunos argumentan que le costará a Estados Unidos más que la reforma de seguridad social”.

A largo plazo, Chile tiene alternativas energéticas que son menos costosas y menos dañinas para el medioambiente. Sobre todo, a largo plazo, las generaciones futuras le agradecerán inmensamente a Chile si se aleja de la destrucción masiva y se vuelve hacia la construcción de un sistema energético ambientalmente sustentable y que protege la increíble herencia cultural y natural de Aysén en la Patagonia chilena.
 

 

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