Del valor del agua

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Hace años venimos dejando en claro que para nosotros el agua es vida y no una mercancía. El mes pasado de “Octubre Azul” intentamos promover la importancia de los derechos humanos y derecho constitucional al agua. Todo esto parece muy lógico, sin embargo la realidad diaria nos muestra que para algunos el agua, sin la cual no podemos subsistir, es “recurso” para los negocios y el lucro.
 
Si bien el agua en Chile en teoría es un bien público, basta con abrir la página web de la Dirección General de Aguas, para saber que el Estado Chileno la considera parte del mercado de bienes y que la propiedad de esa agua esta respaldada por la Constitución. Si bien las Naciones Unidas declaró el derecho humano al agua en el 2010, es claro que ese derecho, al igual que otros, dista de ser tangible para millones de nuestros congéneres. Y si no lo es para nuestra propia especie ¿qué se puede esperar para las demás? En 2004, Uruguay dio el ejemplo en Latinoamérica  al incluir, tras un plebiscito, el derecho al agua en su Constitución (fue seguido luego por Bolivia, Ecuador, Colombia y México). En Chile aparentemente aun faltan años para llegar a eso.
 
En Octubre Azul también intentamos mostrar la importancia del agua y nuestros ríos como valor y paisaje para la recreación, la meditación y el urbanismo, con el ejemplo del Río Coyhaique.
 
El jueves 1 de noviembre pudimos disfrutar de una hermosa actividad de kayakismo en el Río Simpson, con carreras y balsas de apoyo, que se contó incluso con varios participantes extranjeros y de otras regiones. Vale destacar, junto a los excelentes organizadores kayakistas locales, la participación de la Escuela Escualos de Cochrane, cuya “sala de clases”, entre otros ríos, es nada menos que el Baker, el cual no hace mucho bajaron hasta Tortel.
 
Sobre esta valiosa y ejemplar iniciativa educacional y deportiva del matrimonio Haro recomendamos ver este excelente documental de Weston Boyles “Escualos de Cochrane”, el cual hasta está siendo exhibido en Estados Unidos y Europa.
 
 
 
Volviendo al Baker, este río tiene un tramo de alta dificultad de primer nivel mundial que ha sido navegado por expertos solo en contadas ocasiones. Mas difícil aún y por lo tanto todo un desafío mundial es el Río Pascua, y probablemente también el Río Cuervo. Hace no mucho tiempo, el Futaleufú tenía ese prestigio y hoy es una atracción para deportistas extranjeros y empresas  de  deportes náuticos.
 
Si hace dos décadas atrás no había ni muestra de un kayak en Aisén y hoy ya tenemos decenas de expertos y hasta escuelas que enseñan este deporte, no es demasiado aventurado presagiar que dentro de poco tiempo, más de algún río aisenino, entre los que no cabe duda estará al menos el Baker, se convertirá en atracción mundial y que el kayakismo y balseo se convertirán en deportes de importancia en la región. ¡Y quién sabe si cuantos años más vemos kayakistas ayseninos de nivel mundial y hasta en las olimpiadas!
 
Valga todo este preámbulo  para insistir, nuevamente, en que los ríos no constituyen solo un objeto mercantil apropiable por y para empresas eléctricas controladas desde el extranjero, como sucede en la Patagonia Chilena, ya que junto con prestar una infinidad de “servicios ecosistémicos” esos ríos también contienen múltiples otros valores y usos, incluso también comerciales, que no requieren la destrucción de su libertad y su vida.
 
Entre los estos usos más conocidos esta la recreación y el turismo y por lo visto recién estamos descubriendo que tenemos un tremendo potencial para  el deporte y turismo deportivo. ¿Cuántos descubrimientos más nos depara el futuro?
 
Y si de mercado, precios y valores económicos monetarios se trata, valga recordar que el economista F. Salamanca calculó en casi 23 mil millones de dólares las pérdidas anuales que significaría el megaproyecto HidroAysén para el turismo regional y que el economista R. Ponce de la U. de Concepción calculó en 210 millones de dólares el valor de solo dos de los paisajes que se perderían con ese proyecto.
 
A su vez las líneas de transmisión significarían una pérdida en paisajes del orden de 2,9 mil millones de dólares y la pérdida de valor de patrimonio ambiental sería del orden de los 3,8 mil millones de dólares, según Price. A esto se suman pérdidas de bosque nativo por hasta 1,9 millones de dólares y de pesca recreativa por casi 3 millones de dólares según Salamanca.  La depreciación inmobiliaria sería de entre 1,4 mil millones a 5,8 mil millones de dólares, según Groth. Sobre estos últimos datos, aún en proceso, esperamos entregar mayor información próximamente.
 
La cuestión es que ni los aportes económicos de HidroAysén, ni los de Energía Austral le llegan ni a los talones a estas cifras, que van desde 5,4 mil millones a 10,9 mil millones de dólares en pérdidas que provocarían esos megaproyectos al valor de otros sectores de la economía. Pérdidas que evidentemente no tienen compensación posible.
 
Si no hay compensación económica posible, menos la hay para los derechos humanos y constitucionales que se pierden, la salud, la recreación, el deporte y tantos otros “servicios” más que nos da el agua de calidad así como ríos vivos y libres.
 
 
Foto gentileza Codeff Aysen
 

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