Don Cecilio Olivares Cadagán, un patagón ejemplar

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Por Peter Hartmann
  
Ha transcurrido ya casi un mes desde que el 29 de diciembre del 2014 emprendiera la cabalgata al mas allá, tras 96 años de fecunda existencia, don Cecilio Olivares Cadagán, querido y respetado pionero del Baker, líder de la campaña y cabalgata Patagonia sin Represas.
 
Don Cecilio “nació varias veces”, primero en territorio argentino, siendo hijo de padres chilenos, y luego al ser inscrito como chileno en el Baker durante los años treinta cuando tenía doce años, lugar donde se quedaron sin salir nunca más; “mi viejo estaba cansado de caminar por todos lados” (Aysén Decide/ Defensores del Baker). Era la época de la Compañía de Lucas Bridges, donde “se trabajaba sin sueldo y después del trabajo a veces había gran alegría”. Además, “los jóvenes (audaces) éramos muy perseguidos”.
 
En una fecha cercana a marzo de 2006, conocimos a don Cecilio y su llamado a defender el Baker en una de las primeras manifestaciones contra las represas de Endesa - luego llamadas como HidroAysén- realizada en la confluencia entre los ríos Baker y Nef. Al año siguiente también estuvimos en España con su hijo Aquilino, dejando en claro en el país sede de Endesa que en Aisén no queremos represas. Y en noviembre de ese año, nos encontramos con don Cecilio a sus 89 años montado en su caballo y encabezando la épica cabalgata Patagonia sin Represas, que en nueve días recorrió desde Cochrane a Coyhaique.
 
Su emotivo mensaje y espíritu de esa cabalgata quedó registrado en el documental “Aysén Decide”, durante un encuentro comunitario y religioso en Bahía Murta: “A todos los amigos campesinos y a la juventud, a los niñitos, grabémonos con la memoria y tomémoslo con mucha responsabilidad, no nos quedemos donde están, no se dejen llevar por cosas que vienen de otros lados. Escuchen a su gente, escuchen a sus padres, escuchen a su obispo, escuchen lo que sus compatriotas dicen, y observen la unión de hacer esto en este momento. Un poquito mas allá, quiero pedirles de todo corazón, como buen chileno, como buen padre de familia: hagan un poquito más de presión y sigan pensando: ¿por qué el viejo este, por qué la chiquilla esta, por qué aquel señor? Aquí no viene nadie buscando beneficios personales, aquí vamos haciendo un sacrificio, como decía el Padre, en forma general, abarcando a todos. Las cosas las vamos a llevar con calma, con mucha tranquilidad, con serenidad, pero con mucha firmeza. Yo le pido al Señor llegar bien con mis 80 años a Coyhaique, y quiero llegar al pueblo de Coyhaique adelante, cualquier cosa que me pase, no importa, no le temo…no tengo ningún…el Señor lo va a  arreglar…Eso sería…”.
 

 
Unos días después nos encontramos con don Cecilio tras la gloriosa entrada de la cabalgata con 127 jinetes a Coyhaique, en la plaza al frente de la Intendencia, donde estas fueron sus palabras: “No queremos represas en el río Baker, no van a destruir nuestro patrimonio, donde habemos permanecido por años para criar a nuestros hijos y hacer patria, ¿Por qué ahora tanto interés por hacer esto? Que falta energía, que falta esto… ¿No se podrán cambiar y hacer otra cosa?” (Aysén Decide).
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sin duda su posición antirepresas no debe haber sido fácil en Cochrane, donde residió con su esposa en sus últimos años y donde nos recibió amablemente en su acogedor hogar, cuando lo fuimos a entrevistar con una fotógrafa estadounidense, convertido ya en atractivo objetivo de muchos documentalistas: “Yo por lo menos soy acérrimo opositor a la construcción de las represas en el río Baker. Dicen que es muy bueno…mucha gente me ha dicho que sos bruto, que sos animal, que estoy contra el progreso. ¡No señor, yo no estoy contra el progreso, ni estoy contra de nadie, todo el mundo quiere llegar a dónde vivir, todo el mundo quiere trabajo, todo el mundo…pero no me vengan a despojar de lo que hicimos nosotros! ¿Por qué ahora represas? Antes, cuando lo necesitábamos y tuvimos que subsistir de los argentinos, todo esto debieran entender” (Aysén Decide). “Poco se preocuparon nuestras autoridades de nosotros, de esas ganaderas de hacer plata y luego pa’ fuera”. Y ahora están “llegando grandotes con poco cariño por nuestra tierra y nuestra gente, que lo único que quieren llevarse es lo que produce la región”. “No quisiera ver este Baker destruido y que cambie la manera de vivir de los pioneros; el Baker es para todos” (Defensores del Baker).
 
La última vez que vi a don Cecilio fue para un Encuentro Costumbrista, en febrero del 2010 en Cochrane, en el cual se rindió homenaje a los pioneros y “antiguos”. Luego nos acompañó en una exposición sobre el Paso San Carlos, del que conocía bien su historia tras haber cruzado por ahí a caballo con su padre en los tiempos de la compañía.  Seguro que la declaratoria del paso como Monumento Nacional en julio de 2014 debe haber alegrado a don Cecilio en sus últimos meses de vida. Aunque mucho mayor fue su felicidad con el rechazo del Comité de Ministros al proyecto HidroAysén ese 10 de junio, como lo expresa en la entrevista que le hace su tocayo Aguilar (C. Olivares 2014), probablemente la última que pudo dar.
 
Se podría decir que don Cecilio pudo por fin ir a descansar en paz con su misión cumplida, para emprender contento la cabalgata hacia el más allá, convirtiéndose en ejemplo y leyenda para las y los aiseninos.
 
 
José Cecilio Olivares Cadagán (1918-2014), foto por Bridget BesawJosé Cecilio Olivares Cadagán (1918-2014), foto por Bridget Besaw
 
 
Fuentes:
 

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