El calentamiento de los océanos está empeorando significativamente la crisis climática

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 Blanqueamiento de coral cerca de Heron Island, Australia en febrero de 2016. Foto: XL Catlin Seaview SurveyBlanqueamiento de coral cerca de Heron Island, Australia en febrero de 2016. Foto: XL Catlin Seaview Survey 

 
Esta historia apareció originalmente en The Nation y se vuelve a publicar aquí como parte de Covering Climate Now, una colaboración periodística mundial para reforzar la cobertura de la crisis climática.
 
Por Harold R. Wanless
Traducccion por Rosa Baranda
 
 
La emergencia climática es mucho mayor de lo que muchos expertos, políticos y activistas se dan cuenta. Nuestras emisiones de gases de efecto invernadero han recalentado la atmósfera de la Tierra, desatando penosas olas de calor, huracanes, y otras condiciones climáticas extremas; la mayoría entiende por lo menos esto. El problema mayor es que la atmósfera recalentada a su vez ha sobrecalentado los océanos, asegurando así un aumento catastrófico del nivel del mar.
 
A medida que los océanos se calientan, el agua sube en parte porque el agua caliente se expande, pero también porque las aguas más cálidas han empezado un importante derretimiento de los polos. Como resultado, ahora es casi seguro que aumentará el nivel medio de los mares de todo el mundo por lo menos entre 20 y 30 pies. Eso es suficiente como para poner gran parte de las ciudades costeras, el hogar de cientos de millones de personas, bajo el agua.
 
Las cuestiones clave son la rapidez con la que se producirá este aumento del nivel del mar y si la humanidad puede enfriar la atmósfera y los océanos lo suficientemente rápido como para evitar esto, al menos en parte.
 
Si el nivel del mar sube 20 pies en los próximos 2.000 años, nuestros hijos y sus descendientes puede que encuentren maneras de adaptarse. Pero si el mar sube 20 pies o más en los próximos 100 o 200 años, que es la trayectoria actual, las perspectivas son nefastas. En esa situación, podría haber una subida del nivel del mar de dos pies para el 2040, tres pies para el 2050, y lo que queda por venir.
 
Puede que una subida de dos o tres pies no parezca demasiado, pero transformará las sociedades de todo el mundo. En el sur de Florida, donde vivo yo, los residentes perderán el acceso al agua potable. Las plantas de tratamiento de aguas residuales dejarán de funcionar, grandes áreas se inundarán constantemente, y Miami Beach y otras islas barrera se acabarán abandonando. En China, India, Egipto y otros países con grandes deltas fluviales, una subida de dos a tres pies forzará la evacuación de decenas de millones de personas y llevará a la pérdida de vastas tierras agrícolas.
 
Por tanto, intentar limitar la subida del nivel del mar ha de ser una prioridad urgente, incluido para los líderes mundiales que el presidente estadounidense Joe Biden ha invitado a una cumbre climática en el Día de la Tierra, el 22 de abril. Tenemos que reformular cómo se entiende la urgencia climática y qué significa combatirla. Ciertamente, es esencial lograr el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 o 2 grados Celsius; pero con eso no bastará.
 
La solución al rápido aumento del nivel del mar consta de dos partes: la humanidad tiene que dejar de emitir gases que atrapan el calor en la atmósfera, y tenemos que extraer gran parte de los que ya hemos lanzado a la atmósfera. Desde la Revolución Industrial, hace 250 años, la cantidad de CO2 en la atmósfera se ha disparado debido a la actividad humana, principalmente por la quema de combustibles fósiles. Para minimizar el aumento futuro del nivel del mar tenemos que reducir la cantidad actual de 417 partes por millón a las 280 ppm que había antes de la industrialización.
 
Detener las emisiones que atrapan el calor requiere pasar rápidamente de una economía de combustibles fósiles a una de energía renovable, además de acabar con la deforestación, pasar a una agricultura respetuosa con el clima, plantar bosques que mejoren el suelo, y mucho más. Pero incluso si conseguimos los objetivos en este frente, y hasta ahora nos estamos quedando muy cortos, solo será la atmósfera la que deje de calentarse.
 
Enfriar los océanos será más difícil. Esto requiere extraer enormes cantidades de CO2 tanto de la atmósfera como de los océanos y almacenarlo donde no pueda escaparse.
 
Existen prototipos de este tipo de tecnologías de “carbono negativo”. Métodos como incorporar lava basáltica pulverizara en los fertilizantes pueden conducir a la eliminación de CO2, y hay que desarrollar enérgicamente otras estrategias.  Es crucial que ambas estrategias (detener las emisiones adicionales de CO2 y extraer el CO2 que ya se ha emitido) se lleven a cabo. No podemos usar una como la excusa para no hacer la otra, o no lo conseguiremos.
 
Nuestro dilema está arraigado en la física básica. Una vez emitido el CO2, este se queda en la atmósfera durante milenios, atrapando calor y calentando el planeta, igual que una manta calienta el cuerpo humano. Lo que no se entiende lo suficiente es que la mayor parte de este calentamiento, más del 93 por ciento, se ha transferido a los océanos y ha calentado significativamente los 2000 pies superiores. Esto está acelerando el deshielo de los polos y el aumento del nivel del mar, y seguirá haciéndolo durante siglos.
 
Y la subida del nivel del mar está acelerándose a un ritmo peligroso. En 1900, el nivel de los mares del mundo aumentaba 0.6 milímetros al año.  Después de 1930, cuando empezó el calentamiento de los océanos y la expansión del agua, la velocidad de la subida del nivel del mar se duplicó y se volvió a duplicar, alcanzando los 3,1 milímetros al año en 1990. Desde entonces, a medida que los océanos, cada vez más cálidos, han ido impulsando el deshielo de los polos, la velocidad del aumento se ha acelerado aún más. Hoy en día, los mares aumentan seis milímetros al año (más de dos pulgadas por década), y este paso va a seguir aumentando dramáticamente.
 
Dos centímetros por década pueden parecer triviales, pero recuerde: la aceleración no ha hecho más que empezar. La oficina nacional de administración oceánica y atmosférica de Estados Unidos previó en 2017 que el nivel medio mundial del mar podría aumentar entre 5 y 8,2 pies para 2100. Cuatro años más tarde, está claro que ocho pies de hecho es una proyección moderada. Y las influencias regionales, como la subsidencia, las corrientes oceánicas cambiantes y la redistribución de la masa terráquea a medida que el hielo se derrite, crearán un aumento local del nivel del mar  entre 20 y 70 por ciento mayor que el global.
 
Un aumento del nivel del mar de ocho pies sería catastrófico. Si no se tomaran extensas medidas costosas, gran parte de Nueva York, Washington D.C., Shanghái, Bangkok, Lagos, Alejandría e innumerables ciudades quedarían sumergidas. Sumergiría el sur de Florida. Y construir muros de contención no ayudará en el sur de Florida: La tierra descansa sobre piedra caliza porosa, así que los mares en ascenso sencillamente se filtrarán por debajo. Incluso los Países Bajos y Nueva Orleans, con sus diques, tendrán serios problemas.
 
Peor aún, siguiendo la tendencia actual, tendremos suerte si los mares “solo” aumentan ocho pies para el 2100. La razón es que los modelos digitales de NOAA y otros, no reflejan lo que sabemos de cómo han aumentado los mares en el pasado. Estos modelos asumen que la subida del nivel del mar ocurre gradualmente, pero los registros geológicos muestran que de hecho ocurre en rápidos incrementos. Las temperaturas más cálidas que siguieron a la última glaciación causaron la desintegración de una sección tras otra de hielo polar, haciendo que los mares subieran en incrementos de 30 pies por siglo, Hoy en día, la aceleración del derretimiento del hielo en Groenlandia y la Antártida es casi con certeza el principio de un nuevo incremento rápido del nivel del mar.
 
Es urgente que la humanidad realice una transición hacia la energía renovable, que deje de usar combustibles fósiles, y que desarrolle y ponga en marcha tecnologías capaces de extraer el CO2 del cielo y el mar. Tenemos que ser realistas sobre la adaptación a una subida del nivel del mar que ya no se puede prevenir. En vez de seguir construyendo en regiones bajas y gastar fondos públicos en defensas costeras que van a acabar fallando, deberíamos prepararnos para ayudar en la reubicación de los habitantes y las infraestructuras de las áreas más amenazadas (y despejar la tierra antes de la inundación).
 
Sin tales medidas, llegará un momento, antes de lo que pensamos, en el que la civilización tal y como la conocemos se debilitará enormemente o sucumbirá al colapso total. Solo podemos prevenir esta situación con una planificación, financiación y esfuerzo serios. Nuestros hijos, y sus hijos, se merecen algo mucho mejor de lo que estamos haciendo ahora.
 
 
El autor, Harold R. Wanless, profesor de Geografía y estudios regionales en la Universidad de Miami fue uno de los 50 “visionarios que están transformando la política estadounidense” de Politico en 2016.