El cuento de los "caballos salvajes"

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Mientras nos llegan, y también a HidroAysén, las resoluciones exentas del Servicio de Evaluación Ambiental que invalidan las resoluciones anteriores y resuelven los reclamos en contra de la Resolución de Calificación Ambiental del proyecto HidroAysén (432 páginas) y esperamos ver si esa empresa recurre de invalidación o reclamación a los Tribunales Ambientales, en lo que parecen no estar muy decididos.
 
Mientras esperamos el fallo de la Corte Suprema, el cual esta en redacción, sobre la apelación presentada respecto al veredicto dividido de la Corte de Apelaciones de Coyhaique sobre el Recurso de Protección en contra el proyecto Río Cuervo. Mientras vemos el retruque a la defensa que hace el Sernageomin ante la presentación hecha en su contra en los Tribunales Ambientales por su cuestionable trabajo en la evaluación ambiental del Proyecto Río Cuervo.
 
Mientras eso ocurre, nos entretenemos, entre otros, en seguir las denuncias con carácter de escándalo por la supuesta “caza de caballos salvajes” en el Parque Nacional Yendegaia (Tierra del Fuego) que lanza un reportaje de Chilevisión el 3 de julio, al que le da bombo La Tercera al día siguiente y que por cierto replica y amplifica todo el tradicional coro griego anti Tompkins y anti ambientalista regional, empezando por el Diputado Sandoval y su eco el columnista encapuchado del “Pasillo Chuchoquero” del Diario de Aysén. ¡Era que no! Por cierto, también nos parece que este caso vale como otro interesante ejemplo del doble estándar y moral en nuestra sociedad nacional y regional. También nos llamó la atención la facilidad e ingenuidad con que cayeron en el cuento “animalistas” y amigos de los caballos.
 
Para comenzar, los medios de comunicación esos para nada se recordaron de cumplir con la ética periodística de preguntarle también al otro lado o afectados por la denuncia, tal como sí se cuidan mucho de hacerlo cuando somos los ambientalistas quienes denunciamos a alguna poderosa empresa o personaje. Menos aun, lo hicieron quienes replican y hacen de eco y por supuesto luego hacen vista gorda ante los desmentidos y aclaraciones que no obtienen la tribuna ni bombo de la denuncia (Declaración Pública de la Fundación Yendegaia del 5 de julio y del SAG de Magallanes del 6 de julio). Pero la respuesta mas contundente y clara a lo que resultaría ser pura cizaña y mala leche, termina dándola Miguel Serka, anterior dueño de Yendegaia y encargado de la famosa “caza de caballos”, quien deja en claro que esos equinos no son salvajes sino asilvestrados “baguales” introducidos ahí por su padre, que él entiende por caza la captura del animal y que su negocio es amansarlos para venderlos (The Clinic, 10 de julio). Es mas, Serka deja en claro que los denunciantes, el “pión de pesebre” Andrés Cox (que se las da de “animalista”) y José Alvarado, son nada menos que Vicepresidente del Matadero Frigorífico Agromin de Punta Arenas (que faena 1200 animales al día) y que había pedido presupuesto para comprar esos caballos, y el segundo, era cuidador de la estancia y conocido por faenar y comercializar sin autorización la carne de esos caballos. O sea ¡la película era totalmente al revés de cómo la estaban mostrando!
 
Debemos además recordar que los “caballos salvajes” se extinguieron hace unos diez mil años en América y que los únicos equinos aun realmente salvajes son aquellos de Mongolia y que subsisten en algunos parques nacionales asiáticos.
 
Vale agregar que a mi también me gustan mucho los caballos, de hecho tenemos algunos y andan varios mas por el “barrio”, pero también me consta que causan daño al sobre pastorear y erosionar, al destruir renovales, al competir con otros herbívoros, al destruir huertos y cercos, de lo cual cualquier conocedor equino y dueño de campo podrá dar testimonio. Así, es evidente que esos caballos constituyen un problema en un área silvestre de protección de la naturaleza y eso también lo puede refrendar todo experto en estas materias. A propósito, alguien escribió que caballos, ovejas y vacas en un lugar eran lo mismo a que fueran guanacos. Pero nada mas lejano, unos son animales domésticos introducidos de pezuña dura (destructiva y erosionadora del suelo) y que a veces dañan la vegetación y los guanacos son nativos, parte de la natura del lugar y tienen patas con cojinete que no afectan al suelo.
 
Y en cuanto al tema del faenamiento de caballos para carne, que escandaliza a algunos, vale recordarles que en la región hay quienes los compran para charquearlos y hay conocidas carnicerías de equinos. O sea, alguien mató y faena a esos animales, sin que jamás haya visto ni escuchado de alguna denuncia por los recién aparecidos “amantes de los caballos”.
 
Termino, aprovechando de invitar a todos quienes dicen amar a los caballos y demás animalitos (inclusive bovinos y ovinos), a que se cercioren de que su bistec o asado no sea de animal muerto y en especial de caballo y que le echen un vistazo a como los matan y faenan (les aseguro que con una visita al matadero puede ser suficiente). O sea, a que sean coherentes y consecuentes entre lo que alardean y hacen. Y si ahí aun les dan ganas de denunciar, será bueno que traten de informarse adecuadamente primero, empiecen por casa y eviten las discriminaciones y la cizaña.

 

 
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